- No te lo tomes a mal – dijo el editor -, pero ese tipo de material no me interesa. Demasiado polémico.
- ¡Polémico! Se venderá como rosquillas.
- Tal y como está es posible que alguien lo publique, pero ese alguien no voy a ser yo.
- Pues tú te lo perderás. Conozco a la gente. Llevo años dirigiendo un programa de radio que trata temas “polémicos” y te aseguro que sé lo que quieren. Fíjate en este trozo que narra su vida carcelaria.
- Petra – dijo el editor -, no sigas. Me hago una idea del contenido de tu novela y es algo que no puedo publicar. Si lo modificas y le quitas hierro tal vez podamos llegar a un acuerdo.
Ella prometió suavizar la novela y escribir otro borrador. Pero lo único que hizo fue dejar pasar un mes y volver a presentar el mismo. El editor no era tan idiota como Petra pensaba y volvió a rechazar el borrador. Ella se enfureció hasta el punto de lanzar esa misma noche una ofensiva desde su programa de radio acusando a los “editores cobardes” de coartar la libertad de expresión y ejercer una censura encubierta. Y la cosa no quedó ahí.
Tres noches después se llevó el diario al programa, invitó a una serie de políticos y psiquiatras, y los sentó alrededor de la mesa negra ovalada frente a sendos micrófonos. Mientras sonaba una canción de Cristopher Cross que servía de pausa previa al debate, sacó el diario. Ningún trozo le convencía. Se puso nerviosa, empezó a pasar las páginas de aquella libreta en busca de un trozo lo bastante jugoso como para ser radiado, llegando a rasgar un par de ellas.
- ¿Te encuentras bien, Petra? – le preguntó un técnico de sonido.
- De maravilla. Sólo que esto lo tenía que haber hecho en casa, antes de venir.
La canción terminó. Petra empezó a presentar por antena a los invitados mientras reclamaba por señas un cenicero. Sólo había encontrado estupideces íntimas del pederasta sin el menor interés.
Petra le pegaba al whisky de lo lindo, cosa que desconocía su público pero no sus superiores. De todas formas, ¿qué le iban a decir? Era una vaca sagrada de las ondas nocturnas. Pero por muy sagrada y por mucho whisky que bebiera, aquella no parecía ser una buena noche para Petra, busca que te busca en aquel diario, sintiendo cómo su carrera se le iba de las manos. Al fin encontró algo apetecible mientras un invitado se alargaba citando sus títulos académicos.