- Sí, hay tesoros en la catedral que no se muestran al público. Pero yo conozco la manera de verlos.
Sonrió.
- Te estás preguntando cómo – dijo -, igual que el alemán. Hay que ver lo curiosos que sois… Si lo dijera perdería mi empleo.
El tipo llevaba un índalo de oro colgando sobre la camiseta negra a la altura del pecho.
- Hay en esta ciudad – dijo – auténticos tesoros medievales que por alguna razón no se exhiben en los museos. “Yo conozco la forma de que usted los vea”, eso le dije al alemán, “pero arriesgo mucho con ello y eso cuesta, por ser usted quien es, cincuenta euros. Precio simbólico si se considera el peligro y al mismo tiempo asequible a cualquier bolsillo de turista. Si le interesa, bien, y si no, pues buenos días.”
- Sí, interesa mucho – dijo el turista.
- Muy bien – dijo el tipo -, pues andando.
Y echaron a andar hacia la catedral.
¿Por qué hubo de marcharse Lucía? Con las ganas que tenía de hablar con ella. En eso pasaron unos niños por delante de nuestro banco. El niño parecía furioso. Le preguntó a la niña:
- ¿Qué me has llamado?
Ella le desafiaba.
- Capullito de alhelí.
El tipo de las patillas me daba codazos.
- No te distraigas, que esto es importante. Total, que me lo llevo calle arriba. Esta mañana al solecito se estaba bien, pero por la sombra hacía un fresquete que no veas. Él apenas hablaba.
El alemán era de Colonia. Bonita catedral, según el de las patillas.
- Nunca he estado allí – dijo -, pero son cosas que se aprenden en un par de años de universidad. La catedral de Colonia es inconfundible.
Se sacudió los pantalones negros.
- No me puedo creer – dije – que ese alemán te tomara por un experto en gótico con esa pinta que me llevas.
- Eh – dijo -, con ayuda de estas.
Sacó unas gafas y se las puso. Seguía pareciendo un patillero sonriente, sólo que con gafas.
- Entonces – dijo – me dice el turista: “¿Cómo sabes tanto de gótico?”. Y le digo: “Porque estudié en la universidad”. Estos se van a pensar que aquí la gente no tenemos cultura o algo así.
Cruzó las piernas mostrando sus mocasines con puntera de escoplo y cuatro dedos de tacón, también negro, sobre calcetín blanco.