El informe de Rakidip (1/16)

    Rakidip tensa el cuero del timbal de su inconsciente, comprueba el sonido de la membrana en distintos puntos redoblando con las uñas, aturdido, sentado en mitad de la escalera que conduce al patíbulo, tarde para empezar, pronto para abandonar. “Los cuarenta no son nuevos para mí”, se dice, “los sufro desde hacer veinte años”. Y recuerda las palabras de Iain Finlayson a propósito de Burroughs: “la mayoría de los hombres tienden, en este punto de sus vidas, a revisar y evaluar su trayectoria y, con frecuencia, reaccionan con una cierta sensación de urgencia y un pánico más o menos controlado.”
    Se asemeja a un ser de otro mundo: ridículo, desubicado, supuestamente peligroso. Extraño y extrañado; intrigante e intrigado. Cautivo en una maquinaria ósea sublevada de cuando en cuando ante toda orden coherente desde el incendio que asoló la biblioteca de Memoria Central. Se propone cartografiar su mundo en perspectiva caballera apostando por un resultado nada realista, pero sincero en su ingenuidad, como el dibujo de un niño. Reivindica la estética de lo feo, la subcultura, la serie B, la decadencia como parte de lo humano. El “fácil de preparar” acuñado en los sobres de sopa, como la que toman en las cárceles desde que el mal gusto se empezó a exigir en los colegios. Tiene delante varios folios. La última escena. En su lecho de muerte, Alien I el Apátrida gira sobre sí mismo, retoma la estilográfica y apunta en la pared: “Si algo hice fue sufrir”.
    Rakidip trabaja en su mapa desde siempre y adivina su inconclusión, como el que cuenta estrellas, como Pound y sus “Cantos”. ¿Quién podría terminarlo? ¿quién puede expresar cuanto emana del cosmos en una sóla vida? El mapa, que sobre la mesa muestra cuatro zonas principales, puesto al trasluz sobre el cristal de la ventana muta en radiografía y revela cuatro grupos de traumas relacionados respectivamente con la familia, el sexo, las relaciones con el mundo y la salud psicofísica. Estas zonas se disponen en torno a un pequeño núcleo de personalidad, teóricamente sano y último reducto lúcido. Recorrer el mapa exige prepararse para un desplazamiento en quincunx dimensional formado por las tres coordenadas espaciales, mas el tiempo, mas el viaje sin viaje. Una quinta dimensión compuesta por exploraciones internas: oníricas, místicas, o psicopatológicas.