El informe de Rakidip (4/16)

    - ¿Ha estado aquí como paciente? – dice el doctor Hint.
    - Es lo que trato de averiguar – dice Rakidip.
    - Me refiero a usted.
    - Ah, no. Nunca.
    - Pero ha probado las drogas.
    - Sí, igual que usted.
    - Esa apreciación es de las que suelen costar la cabeza. Se acabó. Diga un número entre el diez y el veinte.
    - Catorce.
    - Ahí van. Catorce fichas sin barajar. Ahora sumamos los digitos del número elegido, es decir, cuatro más uno igual a cinco. Empezando por las últimas, una, dos, tres, cuatro y cinco fichas. Ésta es la que busca, señor mío, y no se moleste en recordarla porque no la olvidará. Le perseguirá hasta el día que regrese. Porque usted ya estuvo aquí. Y volverá, no lo dude. ¿A dónde va tan deprisa? ¿le resulto aburrido? (guiño tras guiño).
    - Buenos días.
    - Hasta pronto.
    - No me espere despierto.
    Rakidip guarda la ficha en el bolsillo interior del abrigo gris y sale al pasillo, donde se da de bruces con un par de ojos saltones que emergen de un espeso bosque de pilosidad facial, negro y brillante: su amigo, desgranando palabras a la velocidad de un trilero con sus dientes sombreados.
    - Tengo una entrevista con el doctor Sístole – dice -, pero están reformando su consulta y me envían a una provisional que tiene en el jardín.
    - Y yo un encargo de Memoria Central – dice Rakidip -, un informe que ocupa todo mi tiempo. Vámonos de aquí, te acompaño. Ese Hint no me ha gustado un pelo. Mira la ficha que me ha dado. Le pregunto por ti y me dice que esta es la ficha que busco, insistiendo en que estuve aquí como paciente. Hombre, hace años era bastante juerguista, pero de una cosa así me acordaría. Además, ¿tú crees que ese de la foto soy yo?
    - Algo se te parece. Y a mí – se echa a reír.
    - Tras esa barba podría esconderse cualquiera.
    - Es la primera vez que vengo.
    - Yo también es la primera vez que vuelvo, digo que vengo. Y lo mismo diría si me encontrara un conocido en un club de carretera.
    - Eh, eh, un momento. Aquí no vienen sólo los que se enganchan. A los que se enganchan los traen. Yo he venido porque me obligó la juez. Si no, ¿de qué? El único problema que tengo con las drogas es que cuestan dinero – se echa a reír.

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