El informe de Rakidip (8/16)

    Vuelve a flexionar las piernas mientras los dedos de la mujer capturan una nueva ficha. Se oyen risitas al fondo. Rakidip lanza con mayor seguridad, pero obtiene el peor de los resultados tras quince segundos de giro del dado. La banca le retira lo ganado y, puesto que falta la ficha que tomó la mujer, le urge a buscar en sus bolsillos. Rakidip desembolsa una ficha tropezando con los dedos de la mujer, que apresan otra más antes de tirar de él para alejarlo de la timba.
    Sin dejar de pensar en el juego se ve trasladado a una barra. Una camarera flaca de abundante pecho retocado envuelto en un bikini púrpura despacha sin prisas mientras la peluca rubio platino le cubre los ojos. Su anfitriona pide dos combinados de Lyptokard, un aguardiente con extracto de saliva de ácaro que produce una ebriedad proporcional a la respuesta alérgica de la persona. O sea, a mayor alergia, mayor ebriedad. Rakidip no recuerda padecer alergia alguna. Tal vez no sea el mejor sitio, pero siempre se puede encontrar algo de provecho para un informe como el suyo. Y como allí dentro parece de noche, también parece apropiado tomarse una copa. Incluso puede que sea de noche. Engulle un poco de aquello mezclado con pomelo sin dejar de mirar esos ojos.
    - ¿A qué te dedicas? – dice ella.
    - Estoy recorriendo mis demonios, digo mis dominios.
    - La dueña de esto soy yo.
    - Me imaginaba que no eras la que limpia los retretes. Pero, ¿qué es esto exactamente?
    - Exactamente lo que ves: hay gente, bebida, juegos. Un sitio para divetirse. Un divertedero.
    - No hay música.
    - Calla, sólo daba problemas. La música que gusta, excita. Y la que no gusta, cabrea. Todo eso mezclado con alcohol y drogas se amplifica.
    - El local es grande y no tienes vecinos. Hasta podrías organizar conciertos.
    - Ya te he dicho que nada de música. Y menos en vivo. Casi todos los músicos se creen algo especial. ¿Hay algo más ridículo que un músico pensando que es especial por arrancar notas a un artefacto que parece una máquina dadaísta?
    - Supongo que no. Has debido de estar con varios.
    Una mirada de soslayo con esos ojos merece la pena. Y el Lyptokard empieza a hacerle efecto, a recordarle su episodio en la Clínica Borman y el encuentro con su añorada voz.
    - Echas de menos a alguien – dice ella.
    - Pensaba en todos estos primos que después se van a su casa sin el dinero que traían, sin diversión y sin una mísera canción que tararear. Pobre tropa.