- No me has dicho a qué te dedicas – dice ella.
- Ya lo sabes. Si no, no me distinguirías con tu presencia.
- Eres un poco raro, pero tienes estilo. Aunque no con los dados.
- Estoy en proceso. Realizo un trabajo para Memoria Central.
- ¿Un trabajo para Memoria Central? Buena ocupación. Como tantas otras: muy constructiva, pero nada lucrativa.
- Quién sabe.
- Vaya chichón. ¿Has estado probando tu virilidad?
Rakidip conecta con su mirada. De buena gana la tomaría por el talle:
- Soy de los que se aclaran rápido con una mujer. Una vez decido seguir con ella no tengo ojos para otro escote. Y lo mismo espero de la otra parte.
- ¿Que se pase el día mirándose el escote?
Ella ríe. Sabe que es un juego. Y él, que la goza jugando, disfruta con su risa. La risa se multiplica y el Lyptokard no deja de fluir. Rakidip resiste bastante bien los efectos, sobre todo los secundarios. A diferencia del parroquiano que se apoya en un taburete, a su izquierda, que luce un grano morado y varias pústulas en la frente, los suyos se limitan a un rosario de minúsculos granos aquí y allá en el cuello y la barbilla.
Cuando salga de allí caerá en la cuenta de que se le ha pasado la hora de comer, de que el chichón le duele y de que el informe sigue pendiente. No ha podido pagar sus últimos combinados de Lyptokard, pero sí en cambio, gracias a su amistad con la jefa, permutarlos por un día de trabajo sin cobrar en el divertedero. Mientras tanto se divierte, goza cada instante. Ha vuelto a probar suerte con los dados. Siente la adrenalina. Y cada lanzamiento es un beso y una ficha menos.
Anochece en la Villa G. La Villa G está formada en gran parte por pisos de estudiantes, lo que motiva que durante el verano su población se vea reducida a poco más de la mitad. Y de estos, a su vez, la mitad se marcha de vacaciones, por lo que el barrio se convierte en un desierto. Pero aún quedan varios meses para eso y el abundante Lyptokard que Rakidip sigue llevando encima entra en su segunda fase: desaparecen los granos de la cara y el cuello y la embriaguez induce el recuerdo controlado de experiencias eróticas anteriores. Anda evocando su primera novia cuando se cruza con una estudiante bajita y morena que se le parece mucho.
- Hola, Botas – dice Rakidip -. Te veo estupendamente.