- Así que ahora trabajas para Memoria Central – dice su padre.
- He hecho varios trabajos, pero me ha costado mucho llegar aquí. Empecé trabajando sin cobrar para un columnista muy anciano y muy bueno. Yo era su secretario. Le ayudaba a ordenar los manuscritos, y él, cuando los corregía, toda frase que eliminaba me la daba a mí. Después yo incorporaba aquellas frases a mis primeros trabajos. Eran grandes frases, era mi sueldo. Así empecé. Aprovechando sobras.
- Oiga, usted. El joven.
Un tipo encorbatado pero sin chaqueta sonríe a la puerta de una inmobiliaria.
- Sí, usted – dice -. ¿Tiene un par de minutos?
“¿Por qué yo?”, se pregunta Rakidip mientras encuentra una buena excusa para despedirse de sus padres y correr a terminar el informe, “¿en qué clase de huerto intentará meterme ahora este tipo?”. Se aproxima a hablar con el que resulta ser el director de la inmobiliaria.
- Hace un rato – dice el tipo – venía de tomar café en la Villa G, y al atravesar el parque he escuchado el mejor piropo de mi vida: “Tus ojos son de un azul aterciopelado que mataría de envidia al mismo diablo”. ¡Lo ha dicho usted! Así que he pensado: “una frase así es digna de un tipo interesante. Y un tipo interesante, lo que necesito en mi empresa”. Porque, en confianza, eche un vistazo: ¿no los ve un poco aburridos?
Sus ganas de diversión intrigan a Rakidip, que no recuerda haber proferido jamás un piropo en presencia de una mujer. A punto de recomendarle el divertedero de la Villa G cae en la cuenta de que ha de trabajar allí esa noche. Claro, podría no presentarse y no ocurriría nada. Pero necesita ver de nuevo a la jefa. Y es difícil seguir viendo a una mujer sin cargar con algún tipo de obligación. El tipo no deja de sonreír. Rakidip lo asemeja a un jefe suyo de hace quince años, un… Vamos a dejarlo. Uno que se ocupó de llevarle al huerto, que es lo que hacen los vamos-a-dejarlo. La cuestión es que aquel vamos-a-dejarlo se parece mucho al tipo que tiene delante escrutando su rostro sin parar de sonreír.
- Se equivoca de persona – dice Rakidip -. Además, ¿qué manera es esa de contratar a la gente? No esperará que alguien le tome en serio.
- Pero si es lo que se lleva. Se denomina “captura selectiva”. A las entrevistas vienen todos los que no necesitas y además previamente entrenados para superar la prueba. Con lo que al final se te llena la empresa de incompetentes que no hacen más que pegártela.
- Gracias, pero ya tengo trabajo.
A duras penas se despide del tipo sonriente y aprieta el paso camino de casa. Dispone de unas horas para terminar el informe antes de entrar a trabajar a media noche en el divertedero.