El informe de Rakidip (12/16)

    Rakidip se presenta en el divertedero pasadas las doce. Ha cambiado el abrigo gris por algo más a tono con el sitio. Una chupa de ante que tampoco está de moda, pero le hace sentir más cómodo. Avanza hacia la barra cuando es interceptado por esos ojos que zig-zaguean apenas.
    - Te dije a las doce – suelta la jefa.
    Rakidip hace memoria de todas las veces en su vida que ha tenido que escuchar un reproche. Concretamente ese, el de llegar tarde.
    - Lo sé – dice -, pero ya no tiene remedio. Indícame lo que se supone que debo hacer.
    - ¿Has trabajado alguna vez en un sitio así? – dice la jefa.
    - No es que esté orgulloso, pero me he pasado la vida en bares. Y se aprenden cosas.
    - Esto no es un bar, es un divertedero.
    - Llámalo como quieras, esto es un bar de copas. Excepto por la música. Un garito de los que estoy harto de ver.
    - Dentro de la barra se ve todo de otra forma.
    - Me lo imagino. Sé que los cubatas llevan tres hielos, que la mezcla se sirve hasta el segundo hielo y conozco todas las marcas de bebida que tienes aquí. Y algunas más.
    - Muy bien. Empieza por la barra.
    Rakidip ocupa su lugar junto a la camarera de la peluca, que le muestra su lengua bífida por saludo. La jefa ha dejado la barra, pero no le quita ojo de encima desde la penumbra del garito. Observa su trato con las clientas, con los clientes, las reacciones de estos. Desde luego, no es el típico camarero servicial y pierdeculos. Si alguien tiene que perder allí, que sean los clientes. Aunque se trate de su paciencia. El lugar se va llenando y al cabo de hora y media hay el doble de gente que por la tarde. La jefa se aproxima a la barra y llama a Rakidip con una seña.
    - Un Lyptokard con pomelo – dice -. En copa de balón.
    - A la orden – dice Rakidip.
    - Tienes las manos muy largas.
    - Te equivocas, la que le mete mano a la caja es esa rubia platino de pega.
    - Unos dedos finos y huesudos. Enséñame las manos.
    Rakidip las muestra.
    - Podrían ser las manos de un crupier – dice ella -. Ves con Héctor a la mesa de bacarrá y aprende todo lo que puedas.