El informe de Rakidip (14/16)

    Presume que no concluirá su informe, pero desconoce el por qué y lo cerca que está ese por qué. Tras recibir lecciones de crupier es enviado de nuevo a la barra, a poner combinados. Un cliente joven y despeinado con camisa en colores chillones se entretiene hurgando su boca con un palillo que traía en la cartera.
    - Hola – dice -, soy Tomás y soy poeta.
    - Yo creo que eres tonto – dice Rakidip -, que no es igual.
    - La poesía es un vicio. Y no sé qué es primero, si la poesía o la melancolía. Lo que está claro es que una lleva a la otra.
    - Eso que has dicho no rima.
    - Porque no se me ha antojado. No es la memez de todo lo soez que aprendí en mi niñez, que no tiene prez, lo que me hace estar tan pez en cuestión de tozudez.
    - Ten, límpiate. El Lyptokard te está afectando.
    - Tienes razón. Y prometí no abusar de esa porquería. Pero, cómo me gusta. Además, todo el mundo lo toma. Como no hace daño… Tú también tomas.
    - ¿Que no hace daño? Te deja el seso hecho cisco.
    Continúa poniendo combinados. También cambia de sitio y apila unas cajas de bebida. Y barre unos cien metros cuadrados que luego ha de fregar, pero cuando se viene a dar cuenta son las ocho y la jornada laboral toca a su fin. Ahí viene de nuevo la jefa. Va en chándal y es evidente que se acaba de despertar.
    - He ido a acostarme un rato – dice -. Y voy a seguir durmiendo, pero quería despedirme de ti.
    - Aquel traje largo te daba más empaque – dice Rakidip.
    - En unos meses podría hacer de ti un buen encargado. Piénsalo.
    El teléfono móvil de Rakidip se hace oír por encima de la conversación.
    - Le llamo del departamento de datos de Memoria Central – dice un tipo -, espero no haberle despertado. Su informe ha sido de gran ayuda.
    - Pero si no está terminado – dice Rakidip -. Falta lo mejor, aquello que les envié no es más que un borrador. Estoy a punto de recuperar unos datos clave, unos datos que cambiarán bastante la conclusión final.
    - Olvide eso, tal y como está es perfecto. Nos ha servido para diagnosticar un nuevo síndrome. Por cierto, ¿quiere que le pongamos su nombre?
    - No es nada nuevo, las memorias de Alien I el Apátrida revelan un montón de coincidencias. ¿Qué ha dicho de mi nombre?
    - Que si quiere que le pongamos su nombre al síndrome.
    - No, no, gracias. Mejor póngale el suyo. Eso le servirá en el currículum.
    Rakidip cuelga y retoma el contacto con esos ojos ahora entrecerrados.
    - Estoy seguro de que tienes algún tipo de vehículo – dice.
    - Un monovolumen.
    - Llévame a la Clínica Borman, es preciso.