Morris fue tras el taxista de la botella sin vodka y el ojo llorón y le sonsacó alguna cosa. Después telefoneó a Sarmientos. El padre de Carla no parecía de buen humor.
- Sé dónde se aloja – dijo Morris -, dónde está ahora y adónde piensa ir mañana por la noche.
El padre de Carla no parecía impresionado.
- No la pierda de vista – fue toda su respuesta.
Más de media hora después, un taxi recogió a Fredy y a las chicas y los depositó a las puertas de la discoteca más reluciente de la ciudad. El local estaba lleno. Morris llevaba un buen rato allí. Las camareras vestían minifalda negra y camiseta roja de tirantes. Iban y venían a toda prisa a bordo de unos patines color blanco. El techo lo tapaban montones de globos rojos y blancos.
- Me encantan los globos – dijo Carla.
- Hey, mira quién está ahí – dijo Carol.
Señaló al frente por encima de las cabezas.
- Allí – dijo -. ¿La ves? ¿es quién yo creo?
- Es Jenny – dijo Carla.
Jenny era mitad masajista, mitad vedette. Una buena combinación. Y se las había arreglado para retener lo mejor de ambos mundos.
- Yo también conozco a esa chica – dijo Cristina -, era animadora de los…
- ¿Conoces a Jenny? – preguntaron Carla y Carol al mismo tiempo.
- Sí, trabaja en…
- Trabaja para nuestro padre – dijo Carol.
- Así que no puede vernos – dijo Carla.
- Pues yo me muero de ganas de saludarla – dijo Cristina -, hace que no nos vemos una eternidad. Ahora vengo.
- Me siento expuesta – dijo Carla.
- Tengo una idea – dijo Carol -. Espérame aquí.
Al rato volvió con dos antifaces, uno negro y el otro dorado. Le ofreció a su hermana el dorado.
- He convencido a aquellas dos mustias para que me los prestaran – dijo.
En eso volvió Cristina con Jenny.
- Estas son dos amigas que van disfrazadas – dijo Cristina.
- Yo soy Jenny. Encantada.
- Yo Palas Atenea – dijo Carol.
Jenny trabajaba en un centro de relax para millonarios que abría de diez de la mañana a diez de a noche. Se alegró mucho de ver a Cristina. Fredy intentó que les dejara pasar la noche en el centro de relax, con la excusa de probar el hidromasaje y con la condición de marcharse antes de las diez. Pero Jenny descartó su propuesta con una sonrisa ancha y espesa. Con la más profesional de las sonrisas anchas.