Burkina Faso (13)

    - No te creería – dijo Fredy.
    - Bueno, es una exageración – dijo Carla -, pero le he cogido cariño. No todo es dinero.
    - Hablando de dinero, ¿puedes prestarnos algo?
    - No os lo habéis podido gastar todo.
    - Quedar dinero, queda – decía Fredy -, pero le prometí a Cristina un Porsche.
    - Ya estamos. ¿No puedes esperar? Qué borde eres, desde luego…
    - Cálmate, tienes toda la semana para pensarlo.
    - Lo tendrá. Pero dejadme respirar y todo se hará a su tiempo y se hará bien. Necesito calma. Mientras el viejo esté así, yo soy quien firma los cheques.
    Esto pilló a Fredy por sorpresa.
    - ¿Ah, sí? – dijo.
    - Pues claro.
    Y en eso sacó una libreta de cheques allí mismo, rellenó uno por importe de cien mil, lo firmó y le dijo:
    - Toma. De momento no hay Porsche.
    Al día siguiente, a eso de las cinco tuvo lugar un hecho que cambió de forma sensible las circunstancias: el viejo era historia y Carla lloraba en el funeral.
    - Verlo para creerlo – decía Fredy.
    Para Morris la noticia no podía ser mejor. Esto ya se le podía contar a Beltorino: que su hija volvía a ser libre y además era rica. No podía no gustarle. Al mediodía siguiente, Carol y Cristina llegaron a la habitación del hotel después de un baño y se tumbaron en las camas. Llamaron a la puerta. Cristina se colocó un pareo y fue a abrir. Era el botones con un paquete para ella, una caja cuadrada no muy grande. Lo sacudió. Algo tintineaba en el interior. Rasgó el envoltorio.
    - No puedo creerlo – dijo -. Las llaves de un Porsche.
    Corrieron a la ventana. En efecto, aparcado en doble fila casi frente a su ventana había un precioso Porsche 911 Carrera descapotable color amarillo, con una resplandeciente palanca de cambio de marchas. Carla posaba como una pin-up, sentada en el capó, con gafas oscuras, mascando chicle, saludándoles con la mano. Ellas bajaron, recogieron a Fredy en el bar y se montaron en aquel cacharro. Tomaron hacia el sur, en dirección a Pesares. Aquel trasto funcionaba de maravilla. Pararon a comprar CDs en una gasolinera, algo con que alimentar los altavoces de gama alta. Carla estaba en trámites para heredar la fortuna del viejo. Y eso eran muchos millones.