- ¿Empiezas a entender lo que es el negocio? – dijo Fredy.
- Más o menos – decía Carol.
- Es fácil de entender si prestas atención – decía Cristina -. Podemos influir en la realidad para cambiarla.
- Y también podemos dejarnos de optimismo metafísico y hacer una gran estafa – decía Fredy.
- ¿Para qué necesitas eso? – dijo Carol -. Vamos en un Porsche. Estamos a punto de ser millonarios gracias a Carla.
- Gracias a mi plan, chata. De otro modo, tu Carla estaba ahora entre rejas.
Regresaron al centro de la ciudad ya de noche. Entraron en un bar turco donde pidieron kebabs acompañados de té. Después fueron al cine y al salir Morris les perdió la pista. Desaparecieron. Él no se lo quería creer. Ahora que tenía el caso resuelto y listo para cobrar se le escapaba la presa. Ahora que el padre de Carla estaba por fin a punto de volar para encontrarse con su hija, recién viuda y millonaria, ese detective acabado aunque con pelo que había perdido mucha agilidad de la que nunca le había sobrado lo echaba todo a perder. Pasó una semana haciendo pesquisas, vuelta a empezar, “¿ha visto a esta joven rondando por aquí?”, “no señor, no me suena su cara”, fumando sin parar, sorbiendo café. Dando largas a Johnny, que allá en Sarmientos con las maletas hechas empezaba a impacientarse y amenazaba con ir de todos modos. Hasta que una noche se presentaron Fredy y Cristina en el apartamento de Morris, al noroeste del Burkina Faso.
- ¿Cómo me habéis encontrado? – dijo Morris.
- Patterson – dijo Fredy -. Contó que nos andabas siguiendo. Conoces a Patterson, ¿eh?
- Pues no, de cara no. Pero me va gustando su estilo.
Morris veía a Fredy como el típico listillo que chulea a tres chorvitas. De Cristina le sorprendió su agilidad, aunque no dijo ni pío. Vivían juntos de nuevo y se dedicaban a la carpintería. Los había vuelto a encontrar, da igual la forma, y eso era grande. No se le volverían a escurrir. Otra vez buenas noticias, la investigación avanzaba. Pero, ¿dónde estaba Carla? Y ellos, ¿cómo habían pasado de millonarios a carpinteros en una semana? Morris les ofreció una taza de café y le pidió a Fredy que le contara el resto. Lo sucedido después de la noche del cine y los kebabs.