Burkina Faso (16)

    Fredy no conducía, aquellos bestias le habían dejado para el arrastre. Se despanzurró en el asiento del copiloto del Porsche, trató de dormir, de olvidar el episodio, pero al moverse le dolían las heridas y eso le traía recuerdos. Miraba el cielo al anochecer, preguntándose cuántos kilómetros les separaban de casa. Sólo pensaba en dormir. Al mediodía siguiente estaban sentados en la terraza de un café ante un hombre muy moreno de pelo blanco y su esposa. El hombre vestía camisa de lino blanco abierta en el pecho, donde bailaban un par de cadenitas de oro, y zapatos de votante neo-liberal. Ella era una abuelita dulce y sonriente de apretado vestido multicolor.
    - ¿Quién es usted? – preguntó el hombre.
    - Machine – dijo Fredy -. Fredy Machine.
    - ¿Quién es usted, señor Machine? – repitió el hombre.
    - Un tipo que siempre acierta por casualidad y que casualmente siempre acierta.
    - Vaya, ¿cómo lo hace?
    - Ah, no lo hago yo.
    - ¿Entonces?
    - El azar.
    - Mmm, ahora lo entiendo. ¿Sabe usted con quién está hablando?
    - No.
    - Mi nombre es Patterson – dijo -, Joshua Patterson.
    Le tendió la mano y Fredy la estrechó.
    - Encantado – dijo.
    Patterson era el abogado con más renombre que había en Carrizos. Pensaron que ahora que empezaban a manejar dinero les iba a hacer falta asesoría legal de la buena. El tipo no cobraba barato, pero creyeron que merecía la pena.
    - ¿Qué prefieres, coca-cola o cerveza? – preguntó Carla.
    - Un bar lleno de motoristas camorristas moqueando alcohol – dijo Fredy.
    - Olvida eso de una vez. ¿Quieres un refresco?
    - No.
    - Usted solía ir por el Burkina Faso – dijo Patterson.
    - Acabamos de llegar a la ciudad – dijo Fredy -. Somos del sur.
    - ¿Acabamos?
    - Disculpe. Le presento a mi mujer, Cristina. Ellas son dos amigas, Carla y Carol. Tal vez nos establezcamos aquí una temporada.
    Patterson cabeceaba.
    - Juraría haber visto su cara en el Burkina Faso – dijo -, pero está claro que le he confundido con otro. Mejor, es un antro lleno de chusma y usted en cambio tiene cara de buena persona. Allí no hay tipos como usted.
    - Cara de buena persona, ¿eh? – dijo Fredy.
    - Sé que parece una chorrada, pero mi mujer y yo creemos en ese tipo de cosas, de valores, como la bondad de las personas. Son valores que puede que no estén de moda, pero siguen ahí y siempre se abren camino. Igual que un trabajo bien hecho. Eso siempre triunfa.