Burkina Faso (17)

    Hizo una pausa.
    - Veo que usted es buena gente – dijo -. Si no lo fuera ya podía ir olvidándose de hacer negocios conmigo.
    - Hasta en el Burkina Faso habrá alguien bueno – dijo Fredy -. Usted, por ejemplo, ¿no es usted buena gente? Porque para saber tanto de ese sitio por fuerza ha tenido que ir mucho por allí.
    No volvió a sacar el tema.
    - A Joshua le encantan los cactus – dijo su esposa -. ¿Por qué no vienen esta noche a verlos? Podrían quedarse a cenar.
    Fredy soltó una carcajada. Cristina le dio un pellizco por lo bajo.
    - No te rías de esa pobre mujer – dijo.
    Allí estaban esa noche, cenando con vino francés en la mansión de Patterson. Al terminar, Fredy fue al jardín de la parte de atrás con la esposa, a pasar revista a la colección de cactus. Suculentas, los llamaba ella.
    - Me encantan los cactus – dijo Fredy -. De veras, me encantan.
    Hacía calor en aquel jardín trasero de Patterson. Todo era un cactus y al cabo de un rato Fredy ya tenía suficiente. Quería marcharse.
    - Ah, los cactus – decía la mujer -. Les coge una cariño.
    ¿Qué estaban haciendo aquellas? Había que largarse.
    - ¿De qué? – dijo Fredy -. De cactus, sí.
    Largarse de una vez, ahora.
    - ¿Tendría la bondad – dijo la señora – de…?
    Pero Fredy sólo quería irse de allí cuanto antes. La maceta que sostenía la abuelita cayó al suelo llenándole de tierra los zapatos. La miró. Vio lo que ella miraba: Carla y Patterson se comían a besos en medio de la cocina. Carol dio un grito y Cristina dejó caer otra maceta. Nadie tenía palabras. Fredy se sacudió los zapatos. Por fin, dijo:
    - Tenemos que irnos.
    Metió a las chicas en el coche y regresaron al hotel. Carla y Carol tuvieron una larga discusión aquella noche. Al día siguiente, Carol se marchó a Dragones, y por la tarde Carla anunció su intención de irse a vivir con Patterson, que a su vez iba a separarse de la abuelita. Pagó la factura del Continental, les dio algo de dinero y un par de besos en los morros. Fredy le recordó que tenían un trato y que si no lo cumplía acabaría en la cárcel. Ella le prometió que tendrían su parte cuanto antes.
    Pero no llegó a su cita con el abogado ni, por lo tanto, a cumplir su promesa. Bebía mucho, tomaba pastillas y conducía de pena. De todas formas, parece que fue un sabotaje, alguien manipuló el motor del descapotable. Se salió de la carretera y Carla murió camino del hospital. Fredy y Cristina tuvieron que ocuparse del funeral. Se gastaron casi todo el dinero que ella les había dado.
    - De esto hace una semana – dijo Fredy -. La policía trata de localizar a su familia. Nosotros no conocíamos ni su apellido.