Morris se sirvió otro café.
- Siento lo de Carla – dijo.
Y de veras lo sentía. Con ella bajo tierra sus probabilidades de cobrar la prima se reducían a cero. Ellos callaban.
- ¿Y qué hay de vosotros dos? Se terminó el pegarse la vida padre.
- Encontraremos algo – dijo Fredy -. Vamos a tener un hijo. Eso siempre trae suerte.
- Enhorabuena.
- Gracias.
- ¿Tienes idea de quién ha podido hacerlo? – dijo Morris.
- ¿El qué, matar a Carla? Pues claro, la joven modelo ex esposa del viejo.
- Muy seguro lo dices.
- Venga ya, no ha podido ser nadie más. Ahora ella es la máxima beneficiaria del testamento. Y se las arreglará para salir de cualquier marrón, yo que tú no le buscaría la vuelta a esa…
Morris aún trataba de encajar el golpe. La prima se acababa de esfumar delante de sus narices. Y tenía que llamar a Johnny Beltorino para darle la peor noticia de su vida.
- Agradezco la información – dijo -, aunque no sea de mi agrado. Ahora será mejor que os vayáis. He de telefonear a Sarmientos, tengo que darle la mala noticia al padre de Carla. Y no es hombre que se la vaya a tomar bien.
- ¿Agradezco? ¿eso es todo lo que vale la información que te acabamos de dar, un par de tazas de café? Te hemos servido este caso en bandeja, sin que tuvieras que menearte de la silla.
Ella se levantó. Y después él.
- Como quieras – dijo -. Ya me contó Patterson que eres de lo peor.
Morris les acompañó a la puerta y se despidieron.
- Por cierto – dijo Morris -, ¿cómo se lleva eso de cambiar un Porsche por un martillo y unos clavos? Si no es indiscreción…
- Es indiscreción – dijo Fredy.
Abrió la puerta del ascensor y desaparecieron en él.
FIN de “Burkina Faso”