El que pincha (2)

    Quico se dirigió a la mesa del ordenador.
    - Cualquier chaval – dijo – ya lo habría instalado, desinstalado, vuelto a instalar, configurado y cambiado las preferencias. Yo siempre digo que como bien se aprende… No, que si bien se aprende… Bueno, da igual. Márchese a dormir.
    Mientras el aspirante se iba murmuró:
    - Paleto…
    Yo me puse en pie.
    - Oiga – dije -, yo de paleto no tengo nada. Cuando quiera le demuestro que poseo cultura suficiente, que no títulos, para trabajar con usted.
    Él se limitó a cruzarse de brazos y a mirarme por encima de sus gafas de montura dorada.
    - Qué divertido – dijo -. Y, ¿cómo pretende demostrarlo, señor sin títulos del cual no sé ni su nombre?
    - Me llamo Jorge. Y prefiero que no me haga perder el tiempo con pruebas tan estúpidas y ridículas como las que acabo de presenciar.
    - Muy bien, Jorge. Fíjese en el artículo que hay en el centro de la página y dígame: ¿localiza algún error gramatical en la frase al pie de la foto?
    La foto mostraba a dos futbolistas en pleno partido. El pie decía: “El Inter no supo aprovechar las oportunidades de que dispuso”.
    - Ningún error – dije.
    - Léalo otra vez – dijo él -. ¿No detecta algún dequeísmo?
    - En absoluto. El dequeísmo se produce cuando en lugar de “que” utilizamos “de que”. Por ejemplo: “yo digo de que deberíamos irnos a comer”. Eso es dequeísmo. Pero en la frase anterior, “de que” equivale a “de las cuales”, refiriéndose a las oportunidades. Por lo tanto, es correcta.
    - Vaya, me ha dejado planchado. ¿Sabría decirme en qué año se construyó la catedral de Florencia?
    - Si tuviera la respuesta a todas las preguntas de ese tipo sería un robot. Conocer datos significa tener memoria, no cultura. Tener cultura es saber relacionarlos. Y saber encontrarlos.
    - Ya veo, le he pillado sin la base de datos encima. ¿Sabría usted dónde buscar?
    - Desde luego. Existen enciclopedias, libros de historia, bibliotecas, Internet. Todo se puede encontrar.
    Me miró en silencio un instante. Luego dijo:
    - Ha dicho que no tiene títulos.
    - Es cierto – dije -, aunque fui a la Universidad.
    - ¿Por qué no terminó la carrera?
    - Me aburría en las clases.
    - Entiendo. ¿Alguna frase célebre?
    - “El pensar que todos somos idiotas te convierte en idiota”.
    - ¿Otra?
    - “Tratar a los demás con respeto nos confiere categoría”.
    - ¿Son suyas?
    - Sí.
    - ¿Se las cree?
    - Casi siempre.
    - Bien, pues a menos que tenga usted alguna objeción al respecto queda pre-seleccionado. Mañana a las cinco le quiero en el hall de este hotel, corbata imprescindible. Y ocúpese de no llevar agujeros en la ropa.