Tenía a mi madre ingresada y la cosa no pintaba bien. Aparqué en un descampado que había detrás del hospital donde por la noche se ocupaban los travestis y por la tarde había un gorrilla que esperaba a juntar en propinas lo justo para irse corriendo a pillar caballo. Una vez en el recinto del hospital rodeé el edificio de Maternidad, dejé atrás un extenso cementerio de cabras y enfilé las escaleras del pabellón C. Mi novia acababa de largarse del piso que compartíamos. Todo me recordaba a ella, hasta el marco del cartel de prohibido fumar, junto al ascensor. Ella solía llevar anillos de madera, cuadrados y brillantes a tope de barniz. Me harté de esperar el ascensor y tomé las escaleras, total sólo eran once plantas. No podía imaginar, mientras subía, lo que me iba a cansar de ver aquellos peldaños. Y no sólo eso, también los ascensores, los platillos a la puerta de cada habitación, la gente golpeándolos y chillando, los parientes que llegaban de visita entrando con panderos y cascabeles por Navidad, con pitos y sirenas los días de fútbol, los perros orinando en los pasillos, aquel intenso olor a rancio. Al día siguiente volví al hotel River Palace con el traje azul marino de las bodas y una corbata demasiado discreta que me había prestado mi padre. Al verme en el hall, Quico vino a saludarme.
- ¿Que tal? – dijo -. La reunión será en la cafetería. Me alegro de que sea puntual. Y no lleva agujeros en la ropa.
- Tampoco los llevaba ayer – dije.
- Yo siempre digo que “en tanto que…”. No, que “en tanto en cuanto…”. Bueno, da igual.
Bajó el tono de voz.
- Recuerde – dijo – que el calcetín ha de ser siempre de color más oscuro que el traje y este más oscuro que la camisa.
Y me guiñó un ojo. Le seguí hasta la cafetería del hotel mientras pensaba en comprar camisas de colores claros. Nos sentamos en una mesa.
- ¿Dónde están los demás comerciales? – pregunté.
- No hay más comerciales – dijo.
- Ah, ¿no?
- Pues no, ¿para qué? Y si no te importa vamos a tutearnos de una puñetera vez.
- Por mí…
- Deja que te explique mi plan. Si de todos los aspirantes que examiné ayer me he quedado con uno y ese uno eres tú, es porque te adaptas como un guante al perfil que busco. Yo tampoco terminé la carrera, pero tengo un proyecto y quiero que te asocies conmigo.