Ahora quería que le acompañase en una de esas acciones. Se trataba de tomar en brazos a un bebé recién alimentado y caminar hacia atrás hasta que volviera a pedir el biberón. Una vez vuelto a alimentar desharíamos el camino hasta la casa del bebé, también de espaldas.
- Como locura no está mal – dije -. Pero, ¿por qué con un niño?
- Porque un niño es como un espejo en el que puedes verte en el pasado. Si es niña da igual, te ves en el pasado y además en femenino. Y al mismo tiempo puedes verte en el presente, ya que aprende de ti cosas a diario, expresiones y usos actuales. Un niño es un mosaico dadá.
- ¿Tienes hijos?
- No.
- Quico, todo eso está muy bien, pero creo que deberíamos implicarnos más en nuestra empresa. O sea, trabajar.
- Ahora te gusta trabajar.
- Necesito pasta.
- Qué vulgar. Aunque como dijo Andy Warhol, hacerse rico es lo más artístico hoy en día. Warhol siempre se me hizo un poco vulgar… En fin, haremos un trato: yo consigo clientes y tú me ayudas con la acción creativa. Tenemos que hacerlo.
- Pero, ¿para qué?
- Por la poesía. Por el arte. Para enseñar al mundo a reírse de sí mismo en lugar de verlo todo negro.
- Pero si no tienes niños.
- Conseguiré uno. El sábado, a las cinco, en el pedrusco que hay junto a la biblioteca. Y sin agujeros en la ropa.
Seguíamos consiguiendo clientes. Bueno, Quico conseguía clientes. Llovían llamadas de teléfono. El dieciocho de marzo por la noche mi madre entró en coma. No hablaba, no veía, no sabíamos si comprendía lo que le decíamos. Todo eran manotazos y patadas, se llevaba las manos a la cabeza sin parar, la apretaba. Algo allí dentro le molestaba de forma terrible, le provocaba convulsiones. Esto era el resultado de la primera sesión de quimioterapia. Normal. Mi madre estaba muy débil. El tratamiento era duro. Yo había visto enfermos hechos y derechos reducidos al puro esqueleto. Pasó dos días en aquel estado. A pesar de todo sobrevivió al tratamiento. Volvió a hablar, a ver. Aunque no a reír.
Un par de noches después, a las seis y cuarto de la madrugada yo estaba agotado, harto de café y deseando que llegase mi padre para irme a dormir de una vez. Pero no llegaba y todavía pasó un buen rato hasta que por fin pude subir al coche y enfilar hacia casa.