- Y la música – decía Quico -, mucho mejor que la de ahora. El tecno empezó entonces.
- Eh, que soy disc-jockey – dije.
- ¿Tú disc-jockey? Yo te enseño a pinchar cuando quieras.
- Eh, cuidado. Hace dos meses era el mejor de toda la costa, desde Marbella hasta Figueres. No había quien me llegara a la suela de la zapatilla. Ni lo hay.
- Cuando quieras que te enseñe, me lo dices.
- La mejor de las épocas es siempre cuando eres joven. Todo el mundo se divierte y hace el salvaje cuando es joven.
- Tanto como nosotros, imposible. ¿Quién de mi generación no ha ido a trabajar a las ocho de la mañana, después de cerrar cuatro bares, sin haber dormido en dos días y con la misma camiseta de toda la semana?
- Eso no creo que sea necesario para pasarlo bien.
- No os enteráis. Os perdéis lo bueno de la vida. Que si eso no lo tomes porque lleva azúcar, eso lleva cafeína, aquello nicotina, esto lleva gas… ¿Quién de mi generación no ha entrado en trance, en comunicación espontánea con todo el resto de la discoteca al escuchar un llena-pistas?
- Eso es difícil de conseguir tomando sólo refrescos. Incluso hoy en día. Cada generación vive de forma diferente, se divierte de forma diferente, pero se divierte lo mismo.
- No sabes lo que dices. Lo mismo que con el sexo. Todos salís con unas novias que están buenísimas. ¿Y todavía quedáis con los colegas para ver películas porno? No me jibes. En vez de estar con ellas, hombre. ¿Quién de mi generación no ha estado en el cuartelillo por armar escándalo a las cuatro de la mañana?
- Quita.
Atrapó una botella de agua que rodaba por el suelo y echó un buen trago. Después siguió cruje que te cruje con las pipas.
- Cuéntame cosas de tu vida de disc-jockey – dijo.
- Estaba aquel fulano – dije -, mi jefe, el dueño de la discoteca. Era un pesado además de un golfo peligroso, y su mujer una furcia algo arrugada de las de vientre plano, mechas y peste a loción. Ella me contó una vez, mientras se tomaba un ponche conmigo en la parte trasera de la discoteca, cómo una noche su marido la había encadenado por el piercing de la nariz.
- Qué divertido.