Me arrellané en el sofá mugriento y extendí las piernas para adoptar una posición más informal.
- No he debido expresarme del todo bien – dije -. Lo que quiero decir es que al margen de tu obra, que me parece excepcional, todo artista necesita realizar ciertos cambios si quiere entrar a formar parte del circuito comercial.
- ¿Qué clase de cambios – dijo -, cortarme el pelo?
Su compañero de piso apretó los dientes para detener una carcajada que le salió por la nariz a modo de pedorreta. Layna también rió, pero porque se daba cuenta de la paciencia que yo estaba derrochando.
- Necesitas un nombre artístico – dije -. ¿Cuál es tu apellido?
- Wolecks – dijo.
Y lo deletreó.
- Muy bien – dije -. Yo propongo cambiar Tober Wolecks por un nombre más corto. Fácil de pronunciar y fácil de recordar. Un nombre de pocas sílabas con impacto, con cierto misterio.
Tober meditaba sin dejar de mirarme, girando caprichosamente la cara hacia su compañero de piso. Quizá había cometido un error al tratarme con esa superioridad de malcriado. Yo sabía vender porque sabía convencer. Yo era el tipo que él necesitaba. En ese preciso instante lo vio.
- Me gusta – dijo -. ¿En serio piensas que mi obra es excepcional como acabas de decir?
Su tono de voz había cambiado.
- Lo es – dije -. Te conseguiré un nombre artístico rompedor. Redactaré unas líneas que ensalcen tu obra, que la pongan al nivel que merece. Soy muy bueno en eso. También voy a necesitar fotos de tus cuadros para hacer una especie de catálogo, no podemos traer aquí a todos los dueños de las galerías. Mañana mismo te enviaré al fotógrafo. Pero todo esto, claro, si quieres que trabajemos juntos.
- Claro – dijo él.
- Muy bien, firmaremos un contrato en regla. En cuanto lo tenga listo te avisaré.
Minutos más tarde, Layna y yo recorríamos la autopista en dirección norte a bastante velocidad, en completo silencio hasta que ella dijo:
- No te acabo de comprender, Candôme. ¿De verdad crees que ese infeliz es un artista, que tiene posibilidades comerciales?
- Podría tenerlas – dije -. No es más que uno de tantos estudiantes de pintura, pero hoy en día pueden ganar un montón de pasta y de fama si se saben relacionar. O cuentan con alguien que lo haga por ellos.
- Te va a costar vender esos cuadros.
- Lo sé. Me da igual. El motivo de esta visita no era hacer negocios con ese mequetrefe, sino… algo que no tiene nada que ver con el arte. Aunque sí con los negocios.