Eso es lo que se llama pecar de optimismo: “todavía me quedan fichas”, como si me quedara un saco lleno. Deben ser tres o cuatro nada más las que tengo ahora mismo en el bolsillo del pantalón. Una cantidad que no permite jugar muy fuerte. Aunque si las utilizo de una en una es posible que llegue a entender un poco el mecanismo de ese juego tan raro. La partida anterior ha sido desconcertante, mis ojos aún se estaban adaptando a la oscuridad de este sitio. Ese dado tiene la forma más extraña que he visto en mi vida, de ahí su forma de girar. ¡Epa! Aquel tipo podría caminar con más cuidado, casi riega mi antebrazo con la cerveza que se le va cayendo de la jarra. Lo que sí ha conseguido mojar es mi bota derecha, puedo notar el frío de la cerveza empapando el calcetín y penetrando luego hasta humedecer el pie. Una sensación bastante incómoda, llevar el pie mojado. Podría ir al aseo y secarlo con un poco de papel higiénico. Suponiendo que haya. Pero de todos modos el calcetín seguirá humedo, igual que el interior de la bota. Qué se le va a hacer, no llevo calcetines de recambio. No soy tan previsor. Lo mejor será olvidarse de esto.
La mesa de juego está más concurrida que antes. Gracias a mi altura puedo ver el tapete morado con líneas blancas, por entre las cabezas de tres filas de espectadores. Una jugadora de unos veintiséis años parece que hará saltar la banca. Eso cree la mayoría, según deduzco por los comentarios, los movimientos de manos, de cabezas, pero algo en los gestos calculados del crupier me dice que no es más que un momentáneo espejismo. Espejismo que crea espectación, atrae a potenciales jugadores, reseca las gargantas que luego irán inevitablemente a abrevar a la barra. Sin duda es bueno para el negocio. Y ese crupier sabe que lo que es bueno para el negocio es bueno para él, porque le repercute directamente. Eso es lo que me está diciendo sin querer. Hombre, ahora me sostiene la mirada durante un par de segundos. ¿Habrá leído mis pensamientos? ¿o me recuerda de la partida anterior? Mi mirada le dice que en cuanto desplume a la chica yo ocuparé su puesto.