“Cualidades”, ha dicho. Llevo media hora pensando a qué tipo de cualidades se refería la jefa del divertedero. ¿Tengo yo esas cualidades? No me llevará mucho averiguarlo. Al final voy a tener que ir a pasar la noche trabajando en el divertedero sin cobrar. He aceptado. Es posible que Selene venga a casa a cenar, como habíamos planeado; es posible que si no, al menos aparezca por el divertedero. Cuando la he llamado para que me echase un cable con el asunto de las consumiciones se ha puesto el contestador automático con un largo mensaje de voz dirigido a mí. Ahora, cualquiera que la llame lo puede escuchar. Su madre lo puede escuchar. Sus amigas lo pueden escuchar. Yo aún no lo he escuchado entero. Con su comienzo tuve bastante para saber que no podía ayudarme a pagar las consumiciones o a interceder por mí ante la jefa y sus oscuros propósitos.
Este helibús va demasiado deprisa. Dudaba en creerlo, pero ahora está clarísimo. Y el conductor, lo he visto al subir, lleva los ojos inyectados en sangre, sangre que me ha recordado al morado del tapete de juego, el dado girando encima, venga vueltas y vueltas. Tiene truco, el dado. Es obvio. Espero poder corroborar este detalle mientras trabajo. Y ya que me toca pasar la noche en vela no estaría mal dormir un par de horas. Eso es: si aparece Selene, cenamos y chin-pun, y si su enfado se lo impide no ceno, pero al menos descansare por anticipado. La noche se presenta larga. Seguramente no parece tan emocionante como hacer guardia en un fortín durante la guerra del Chaco, pero encierra casi los mismos peligros. Habrá mujeres con cara de conejo, hombres con cara de gorila, mujeres guapas, mujeres no tan guapas, hombres avariciosos, evasores de impuestos, chulos recalcitrantes, flojos que no conocen su límite con la bebida, espadachines que pierden a conciencia en la ruleta, sin olvidarnos de los pelmas que llevan por nombre Tomás. Hay que ver cómo conduce este tío. Si sobrevivo, en un par de minutos estoy en casa. Tal vez haya que bajarse en marcha, como la última vez. Este tipo no me da confianza. ¿Se la dará a su mujer?
El informe es pan comido. En cuanto descubra el truco del dado estará concluido. La jefa es hábil. Ha pensado que me distraería con toqueteos, miraditas y robo de fichas. Pero aceptar una pérdida en aras de un futuro beneficio mayor tiene un nombre. O debería tenerlo.
FIN DE “LUNA”