Aunque está sólo a dos calles de la desesperación, desvía su ruta para leer lo que hay escrito en la acera:
“Juan Peter, jamás te olvidaremos”, junto al escudo de un equipo de jockey sobre fango.
Selene rebusca en la bolsa los últimos pistachos. Vuelve sobre sus pasos. Cruza la avenida dejando a su espalda el Museo Cartográfico. En los jardines centrales de la avenida hay un banco de madera bastante viejo, en el que se han ido a sentar los teks que antes hablaban con Rakidip, siempre con los auriculares puestos. Al llegar a la acera opuesta de la avenida continúa hacia la izquierda. La música que sale por la ventanilla de un coche estacionado junto a la acera ameniza unos instantes su trayecto. Una cantante proclama a ritmo de bachata:
“Me llena de dolor
tu beso matutino
Por más que me esfuerce, no atino
en encontrarle sabor”
Rakidip llega momentos después a la parada de helibuses del Museo Cartográfico, edificio insignia del distrito noreste. De estilo clónico en su mayor parte, erigido sobre las ruinas de una antigua casa solariega, posee dos anexos en el ala izquierda de órdenes clípito, el más grande, y vespertino tardío, el más pequeño. Alberga varios mapas falsos de Colón junto con alguno auténtico. Rakidip aguarda el helibús de espaldas a la entrada, sin prestar atención a la corona de flores que hay en la acera, un poco más a su derecha. Aún ha de esperar unos minutos a que llegue, ni lleno ni vacío. Otra cápsula distribuyendo contenido humano vapuleado por toda la ciudad. Una vez a bordo, ya perdido de vista avenida adelante, Selene, sin la bolsa de pistachos, continuará desde su casa escribiendo esa interminable carta a Rakidip que comenzó en el cuaderno, compartimento principal del bolso, que en cambio ahora teclea en su computadora con el fin de enviársela por correo electrónico:
“¿No eres tú el que dice, que Cicerón dice, que los amigos de verdad se descubren en los momentos inciertos? Pues bien, en el momento incierto de esta tarde, en el divertedero, mi lugar de trabajo, he descubierto que no eres para mí un amigo de verdad. Porque, somos “amigos”, ¿no es eso? Ha hecho falta bien poco, majo, para que mostraras el revés de esa imagen tuya tan seria que te habías empeñado en mostrarme. ¿Qué eres, un señor correcto o un crápula? Reconozco que por un momento te he visto más atractivo, tal vez porque la borrachera te ha hecho perder la seriedad, pero creo que te sobraban algunas copas. Lo de mi jefa, punto y aparte. Crees que ella te puede dar más que yo, ¿no es eso? Hasta ahí llega tu miopía.”