“Cuando llegaste al parque venías hablando solo, de una forma extraña, enloquecida. Me llamabas Botas, no me mirabas a los ojos, no dejabas quietas las manos y lo que decías era incomprensible, además de aburrido. Ibas como loco. No puedo creer que unos cuantos tragos de Lyptokard te pongan así. Ni que tuvieras quince años, como esos teks con los que hablabas con tanta confianza un rato después, en el distrito noreste. Lo he dicho bien: hablabas. Porque no se puede decir que te hicieran mucho caso. La única que te hace caso soy yo, que en estos momentos no sé ni por qué.”
“Te voy a demostrar lo que te equivocas con mi jefa. Mi jefa no te quiere. No pienses que ha caído rendida ante tu irresistible presencia. Le gusta divertirse con los hombres, pero a quien quiere de verdad es a mí. Más que jefa, la considero una verdadera amiga. Ella sí que ha confiado en mí muchas veces y me ha apoyado en la toma de mis decisiones. Es una de las personas que más ha hecho por mí sin ser de mi familia, aunque para mí es como si lo fuera, de tanto que me ha ayudado. Me ha confiado secretos que no le ha dicho a nadie, además de darme su opinión sobre cualquier tema sin ningún tipo de reserva.”
“Ahora debería estar arreglándome para irme, puesto que sin la Vespa se tarda el doble en llegar a tu casa. Pero no me estoy arreglando porque no voy a ir. Estoy segura de que el mensaje que te he dejado en el contestador automático del móvil te hará entender que no estoy para cenas. Y si no, pues mala suerte.”
“Te cuento hasta qué punto llega la confianza entre mi jefa y yo para que veas que la conozco. La he visto operar en montones de situaciones idénticas a la de hoy con el mismo resultado. Sé de qué pie cojea, pero no son los hombres precisamente. Es algo que tú, igual que todos los memos que te han precedido, ha mal comprendido desde el principio, interpretándolo de una manera no ya libre, sino equivocada a más no poder. Eso que encuentras tan interesante es la manera que tiene de disfrazar su desprecio, ni más ni menos. Además, ¿no la has notado demasiado accesible? Porque tú no eres la clase de persona que transmite familiaridad a la primera. Ni tienes veinte años. Ni tampoco ella. Si te cuento cosas que ha hecho ella por mí no terminaré en toda la noche, así que te contaré sólo una, para sacarte de tu error.”