“Cuando tuve aquella bronca increíble con mis padres, hará dos años, y me marché de casa, esa misma noche, harta de andar de un lado a otro buscando entre mis amigos alguien que pudiera alojarme, harta de ver que a nadie le venía bien hacerme un hueco, aterricé con mi maleta en el divertedero. Allí, la camarera no me trató muy bien que digamos, pero la dueña entabló conversación conmigo. Estuvimos charlando un buen rato, vi que ella, además de clase, tenía mucho sentido del humor. Varias copas después le conté mis líos familiares. Si hubieras visto cómo me escuchaba… como lo haría mi propia madre. Después me ofreció trabajo en el guardarropa, donde sigo aún, me abrió su casa de par en par, donde me instalé esa misma noche, donde permanecí hasta que se solucionaron mis problemas en casa, hasta que mis padres se marcharon a vivir al chalet y me quedé con todo el pisazo para mí sola. ”
“¿Vas entendiendo? Ella sólo me estaba protegiendo de ti. Ha debido sacar la conclusión de que no eres un buen “amigo” para mí. Y no es que tuviera prejuicios. Al contrario, tenía muchas ganas de conocerte. Siempre está al tanto de mis relaciones, como buena amiga, intentando que estas no me lleguen a hacer daño, porque sabe que yo, a veces, como cualquiera, tiendo a no ver las cosas como realmente son cuando hay emociones intensas de por medio. Ella cuida de mí porque me quiere. No sé si sabes lo que significa que te quiera alguien que no eres tú mismo.”
“En cambio, tú no se puede decir que te hayas resistido mucho a caer bajo su hechizo. Por un momento has ido de hechizo en hechizo, primero con esa bailarina, porque esa jugadora empedernida se viste como si el divertedero fuese una discoteca y ella una go-gó. Anda que no te has fijado en sus detalles, ahora mismo te doy una hoja en blanco y me la dibujas a la perfección. Te has debido creer muy seductor, pero te vuelves a equivocar. Está enamoradísima de su novio, Tomás, un tío excelente, amable, culto y encantador. Por cierto, que Tomás escribe, y al menos se entiende lo que escribe. Tus manuscritos parecen estar cifrados, igual que tus frases de un tiempo a esta parte.”
Rakidip que se ha dormido en el sofá de su casa, esperando a Selene para cenar, con la mesa puesta, una botella de Lyptokard sin abrir, el abrigo gris a modo de manta, se va a despertar cuando falte poco para marcharse a trabajar en el divertedero, compromiso adquirido esa misma tarde.