Selene desplaza la vista del escrito que tiene en pantalla hasta la hoja que tiene a la derecha, impresa con ese correo hurtado a Rakidip. Los compara, asegurándose de que coinciden punto por punto, coma por coma. Le cae de golpe el cansancio de un montón de horas de escribir. Se frota los ojos con fuerza, despeja el pelo de su cara. Continúa escribiendo:
“Esto es muy mosqueante. Gregalión es sin duda un nombre en clave que designa a Dragones. El montón de palabras ininteligibles debe ser jerga de teks. Él contesta con evasivas cuando le pregunto a qué se dedica en Memoria Central, dice cosas como «me dirijo a alguna parte y eso es todo cuanto hace falta en la vida». De verdad, Luna, una cosa es que se deje seducir por ti, que flirtee con la camarera o que se fije en una jugadora. Incluso que se haya tirado día y medio de juerga. Ahora estará durmiendo la mona en casa. No podía imaginarme que acabaría así cuando hablé con ese amigo suyo, ese de la barba que te he presentado esta tarde y te ha parecido un zarrapastroso. Hablé con él para que fuese ayer a la clínica Borman, a ver si conseguía apartar a Rakidip de esa manía suya de que le normalicen esos médicos, y este lo apartó tanto que casi lo mata. Hasta eso tiene un pase. Pero lo del trabajo no me gusta un pelo. Excusas que son mentiras y todo es una cortina de humo para camuflar la realidad. Es un espía, no un investigador. Y encima es tonto, porque no le van a pagar. Luna, no puedo más. Veo complicado salirme de esto. He estado en su casa, he tenido acceso a sus documentos. ¿Y si Memoria Central piensa que sé demasiado y deciden despacharme? Se me han quitado las ganas de cenar. Así no puedo seguir. Voy a darme una ducha y a intentar dormir. Tendré el móvil apagado, pero espero (vaya si lo espero) que hablemos mañana sin falta. Cuidate
Selene”
Envía el correo a su jefa. En el divertedero, Rakidip sirve combinados tras la barra mientras Tomás le cuenta cómo un tío suyo conoció, en una noche de jarana, al peluquero del coronel Díaz. Tomás da la impresión de no haber salido de allí en todo el día, y si no se hubiera cambiado de camisa uno pensaría que así es. La que luce ahora es de colores chillones.
FIN de “Selene”