Se puso a agredir a diestro y siniestro, al primero que pasaba, hasta que la policía vino a por él y ya no lo vimos más. Días más tarde, el psiquiátra que le examinó aseguraba que Roff ya nunca más podría hacer vida normal. Ni tampoco hablar o subirse los calzoncillos. A Ziro esto le pareció suficiente y me eximió de la tarea de matarle. Además me protegió de todo el follón que se armó con la policía y cumplió su parte del trato liberando a Hermitz.
Io vino un día a la unidad de cuidados intensivos a visitar a Layna, que se recupera bastante bien, y a despedirse. Se vuelve con su padre a Bruselas. Me dio las gracias por ayudarle y se disculpó por haberme causado molestias. Yo no podía dejar de mirar su escote. Ahora ella sabía que yo también babeaba como cualquier tonto que se la cruzaba por la calle. “Seguro que eso le gusta”, me dije. Cuando se me acercó para darme un beso de despedida le di por sorpresa un buen apretón. Mereció la pena. Puso cara de adolescente descarriada, pero mereció la pena.
Otro día vino Ziro con un impresionante ramo de flores. Él cree que tiene que hacerlo todo de esa forma, a lo grande. Dice que tiene un encargo para mí, justo ahora que iba a presentarle mi dimisión, junto con mis respetos. Una joven pintora amiga suya acaba de regresar de México y quiere que yo le monte una exposición. Como si yo entendiera de exposiciones. Cualquiera le dice que no después de lo que sé. Aguantaremos. Mantendremos los ojos abiertos. Aguantaré. He aguantado con tipos que no le llegaban a la suela del zapato.
Además, se trata nada menos que de Jenaine La Voltreure. Cuando me lo dijo cambié de ánimo, aunque no de cara, no fuera Ziro a sospechar. “Esa le pega cien vueltas a la cursi de Io Palx”, pensé. No puedo tener más ganas de trabajar con ella. Después seguro que encuentro la forma de decirle a Ziro que lo dejo, que cambio de empresa. Probaré en WGH. Porque, aunque Layna tenga sus dudas, soy el más hábil.
FIN de “No tan complicado”