Día De Permiso (21/21)
Mayo 9, 2008 — josesala Juanjo fuerza una carcajada y le da unas palmadas en la espalda con su único brazo. Después el camarero trae dos cervezas y él se entretiene en observar al jubilado que introduce monedas en la máquina de premio. No le está yendo mal al jubilado esta mañana, la primera mañana de su sobrina, la primera en libertad para él después de tanto tiempo. El jaleo del bar le aturde. Falta de costumbre. Un hombre de traje y pelo gris sale de los lavabos y rompe a vomitar. Juanjo está convencido de que el Charli acaba de hacer alguna de las suyas. Se dirige a los aseos mientras la gente empieza a preguntarse qué es lo que está ocurriendo. Entra, es un aseo muy pequeño en el que apenas hay sitio para un váter y un lavabo. Allí abajo está el Charli, junto al váter con la tapa levantada, sentado en el suelo, salpicado de sangre, en una postura ridícula con las piernas dobladas hacia dentro. No respira, ni hay rastro de su antigua puntería. Y su mueca parece explicar lo sucedido, como si hiciese falta, con palabras:
- Tío, me he matado.
Una expresión tajante.
- No hagas nada porque me he matado.
Es de noche y Lucía no está. Hay dos mirándole desde atrás y él y sabe que son de la Policía Local. No es que tengan un tufo especial, simplemente no apagan el walky-talky. Tal vez les avisó aquel vendedor, les iría con el cuento de que había sido atacado con violencia por un loco de un solo brazo. O Lucía, que siempre se ha preocupado por él. Sin girarse puede verlos allí de pie, mirándole en silencio. Desea que se sienten a su lado, pero nadie más lo sabe.
- Es hora de volver - dice uno de voz ronca.
- Ni hablar - dice él.
Y al momento ríe sin ganas. Ellos también ríen. Por seguirle la corriente, por compasión o por ambas cosas, pero ríen y eso a Juanjo le ha gustado. Le espera una reprimenda al llegar al psiquiátrico, pero aún es tiempo de reír. Antes de que le riñan y le humillen queda algo de tiempo para estar tranquilo. Antes de que le expliquen que estaban muy preocupados por él y le digan que es muy tarde para cenar porque el comedor está cerrado hasta mañana; antes de que le vuelvan a explicar que ha firmado su alta voluntaria y que no puede saltarse la ley a la torera, que la ley tiene como misión protegerle a él y, en su caso, proteger a los demás de él; antes de que le comuniquen que se le impondrá una sanción, antes de todo eso, aún queda un momento de paz. Se levanta con dificultad y les acompaña parque abajo.
FIN de “Día De Permiso”