Valencia y la música (II)

          Continuando con el Tratado del padre Tosca, en el epígrafe 364 expone una regla acertada sobre cómo componer consonancias, aunque algo enrevesada, ya que utiliza quebrados para sumar intervalos (no olvidemos que era matemático). Hoy, esta operación se hace mediante una sencilla regla que consiste en sumar ambos intervalos y restar una unidad.

           También explica ese principio físico por el cual vibra una cuerda, que no ha sido percutida, al vibrar otra adyacente que está afinada en la misma nota. El mismo truco que utilizaba un amigo mío, murciano, para afinar su guitarra. Volverá sobre este tema al final del tratado. Bajo el título “Posible es, que un sordo ajuste perfectamente un instrumento musico a otro” da la siguiente explicación:

     “Supongamos, que una Guitarra se ha de ajustar à otra, que estè ya bien templada. Digo, que un sordo la puede ajustar de esta manera. Tome una pajuela leve, y doblandola, pongala sobre la primera cuerda de la Guitarra templada, de suerte, que no toque en cosa alguna, si solo en la cuerda. Despues de esto taña en la Guitarra, que pretende ajustar, la cuerda correspondiente, subiendola, ò baxandola, hasta que vea se mueve, y tiembla la pajuela, la qual no se moverà, hasta que la una, y la otra cuerda estèn ajustadas; haga lo mismo en las demàs cuerdas, y quedaràn todas ajustadas con las de la otra Guitarra; y por consiguiente entre sì. Y como para esto solamente se necessita de la vista, podrà muy bien el sordo acordar ambos instrumentos”.[4]

            Al tratar el sistema cordal de Guido D’Arezzo ―al que se refiere como Guido Aretino―, después de explicar por qué se adoptó el sistema heptacordal, ya que era más fácil de ejecutar que el hexacordal, refleja la correspondencia entre los nombres de las notas, ut (do), re, mi, fa, sol, la, si, con las letras del abecedario C, D, E, F, G, A y B. Años después, se produciría ese “cisma” en la teoría musical europea, merced al cual, todavía en países como España se nombran las notas como do, re, mi, fa, sol, la, si, y en los países anglosajones se mencionan como C, D, E, F, G, A, B.

            Tosca aporta varias tablas, que parecen de su puño y letra. En una de ellas se observa la división de la octava y los intervalos que forma, dando medidas precisas para la ubicación de los mismos en una cuerda o columna de aire. Estas tablas, aún hoy, servirían para construir casi cualquier instrumento, lo que constituye un aporte a esta rama de la artesanía.


[4] Tratado de la música especulativa y práctica (1710). Tomás Vicente Tosca.

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