Valencia y la música (III)

            Otro gran aporte del Tratado, esta vez en el terreno de la orquestación, lo constituye su estudio de los instrumentos de la época. Habla del laúd, de la guitarra y otros instrumentos de cuerda, de los instrumentos de viento (pneumáticos) y también de los de percusión, que denomina crústicos o pulsátiles. Mención aparte requiere su estudio sobre la construcción de campanas, un arte venido a menos.

            Como ya se ha dicho, más que de música, la que considera “Arte nobilísimo”, trata de acústica. Aunque explica signos de teoría musical que todavía se utilizan, como el pentagrama, las claves, compases como el compasillo ―que ya se denominaba así―, el puntillo o las figuras de nota. La figura de menor duración conocida era la semicorchea, tal y como la conocemos hoy; la de mayor duración, la máxima, hoy desaparecida, con una duración de ocho compases de 4/4. Es curiosa una tabla en la que se muestran las propiedades de cada figura de nota. Así, la máxima, de ocho compases de duración, “duerme”; la mínima, equivalente a una blanca, “camina”, etc, un interesante estudio sobre ritmo.

            Trata, después, sobre contrapunto, conciertos y composición. Estas eran, grosso modo, las normas que seguían los compositores barrocos, desde Albinoni a Vivaldi, que Bach estaba a punto de cambiar para siempre, subiendo el listón. Sorprende toparse con lecciones de modernidad, dentro del tono conservador de la obra, de transgresión incluso, como los modos de usar las disonancias en la música. En un apartado con el sugerente título “De la practica, y uso de las disonancias en la Musica”, leemos:

     “Assi como la mezcla de lo claro, y obscuro dà perfección à la pintura; assi la artificiosa mixtura de las consonancias, y disonancias, hace mas agradable la harmonìa; y assi como la mayor destreza del Pintor consiste en saber distribuir la luz, y la sombra con insensible, y proporcionada degradación; assi la mayor habilidad del Musico estriva en entretexer las disonancias de tal suerte con las consonancias, que con maravilloso dissimulo passe de las unas à las otras, imitando en esto à la naturaleza, cuyo admirable artificio consiste en la trabazón, y ajuste de las contrarias qualidades de quatro elementos, que siendo tan opuestos entre sì, se ajustan de tal suerte, que con su acorde unión componen la maravillosa fábrica de los mixtos, como cantó Ovidio.

     Debe pues el Compositor entretexer en la contraposición de las quatro voces, no solamente lo blando con lo fuerte, y lo grave con lo agudo, si tambien mezclar con disimulacion lo consono con lo dissono.”[5]


[5] Tratado de la música especulativa y práctica (1710). Tomás Vicente Tosca.

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