Ejecutores antes, ahora ejecutantes

“El día que me fusilen… ¡gran día!ak-47

Quiero introducir flores en los cañones que me apuntan

Quiero acercar mi boca a la de esos tubos de acero y soplar con fuerza;

extraer cualquier sonido de esas flautas de la muerte

Tubos apuntándome, como los de un órgano, los del registro agudo, largos y delgados, dispuestos a ejecutar el último sonido de mi vida”

Así me expresaba y mis captores lo oían

Decidieron no fusilarme: me ahorcarían

“Nada mejor”, dije, “que el roce de la cuerda alrededor de mi cuello

Como la cuerda de un bajo, que tantas veces he pulsado;

que tantas veces he hecho restallar, en su noble elasticidad, para producir impagables sonidos. Nada mejor que un abrazo de cuerda para dejar de existir”

Descartaron la horca

Descartaron echarme al mar porque, incluso a ellos, les pareció demasiado musical

Descartaron, una por una, toda forma de ejecución

Todas producían música, y empezaban a dudar que el silencio que sigue a la muerte durase, en mi caso, más de dos o tres compases

Sin que se dieran cuenta los convertí en músicos

 

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