Burkina Faso (IV)

—Eso venía rumiando en el metro.

Cristina descolgó la mandíbula en señal de perplejidad.

—¿Has venido en metro? —dijo.

Él la imitó:

—¿Has venido en metro?

—El autobús te deja a diez metros de este patio.

Carla y Carol miraban en silencio el techo de la habitación, tumbadas en la cama, cansadas, sudadas, desahogadas. Carla se llevó a la boca el collar metálico y jugueteaba con él.

—No paro de pensar —dijo Carol— en ese viejo multimillonario. Menudas mujeres ha tenido…

Se recostó en la cama y encendió un cigarrillo de esos que suceden a los buenos desahogos. Carla seguía chupando el collar. Morris se hundió en el asiento de su coche y sintonizó, muy bajito, una emisora de FM. El coche se fue llenando de noticias. En el salón del piso, el grado de intimidad entre Cristina y Fredy había aumentado.

—¿A qué has venido, Fredy?

—A acostarme contigo.

—Mentiroso.

—Pues sí, es la verdad. Aunque también quiero que retomemos lo del negocio. Ahora sí.

Ella le agarró de la muñeca.

—Dime que no me estás mintiendo, Fredy. Dímelo.

—Que sí, que es por el negocio, cálmate.

—Tengo una sorpresa para ti.

—¿Qué es?

—Una presa la mar de fácil.

Se atizaron otro Martini. Carla y Carol salieron para unírseles. Las dos se alegraron mucho al ver que la botella aún estaba por la mitad. Cristina alzó su vaso y dijo:

—El rojo es un buen color.

—Hablemos del negocio —dijo Carol.

—¿Hay que correr las cortinas y apagar la luz? —dijo Carla.

—Pero, ¿qué saben estas? —dijo Fredy.

Cristina estaba descalza sobre el sofá mirando su Martini.

—Se lo conté yo —dijo.

—Ya veo —dijo Fredy—. Pensabas hacerlo por tu cuenta con estas pájaras, ¿eh?

—Nunca lo hubiera hecho sin ti —dijo Cristina—. Era nuestro negocio.

—¡Esa es mi nena! —dijo él—. Tengo un plan perfecto. Todo, bajo control.

—Carol ha localizado a un viejo multimillonario recién divorciado de una modelo. Se aloja, a partir de mañana, en el hotel Continental, que es suyo. Un objetivo perfecto.

—El olor del dinero me pone nervioso —dijo Fredy.

—Ahora, dinos qué pintas tú en todo esto —dijo Carol.

—Vaya con tu amiga —dijo Fredy a Cristina.

—Carol —dijo Cristina—, ya te expliqué que no podemos hacerlo sin él. Es el cerebro de la operación.

—¡Esa es mi nena! —dijo Fredy—. Nos va a salir el dinero por las orejas.

 

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s