Todo recto

lápidaVeinte años y un día

se despertó con la melodía

de su entierro sonando

por los altavoces de la plaza

Se vistió corriendo,

no podía faltar a su entierro,

¿por qué nadie le avisó con tiempo?

¡Estas cosas no se hacen así!

Salió a la calle,

se unió al cortejo

se caló la gorra

hasta el entrecejo

y dio el pésame

a sus propios deudos

¡Cómo pesaba la cruz!,

¡cómo pesaba la caja!

¡Y qué cantidad de luz…

destello…

filo…

navaja!

Después, el que estaba a su lado se puso a canturrear:

“Te cambio mi pedazo de cielo

por un café y un corte de pelo

por una bailarina con velo

y date prisa que me congelo”

“Te cambio mi ilusión por tus botas;

mis dientes por tus alas rotas;

y, aunque parezca de idiotas,

mi esperanza por tu libertad,

y mi carnet de la facultad

por tus recuerdos de pubertad”

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