Burkina Faso (X)

—¿De dónde has dicho que eres, Carla?

Carol, Cristina y Fredy caminaban por la avenida Cuatrigenio, muy cerca del hotel Continental, y al doblar una esquina se toparon con dos policías.

—Quiero denunciar una desaparición —dijo Fredy.

Los policías le miraron en silencio mientras se lo llevaban las chicas, iniciando mentalmente la cuenta atrás. Si llegaban a cero, detendrían a aquel moreno por cachondearse de la autoridad.

Y en la suite del hotel…

—Haz venir al juez, Jaime. Voy a casarme con esta joven.

—Sí, señor.

Mientras Jaime telefoneaba, Carla se arrimó al viejo.

—¿Otro traguito, mi amor? ¿Qué dices?

—Ah, sí. Martini, con un chorrito de ginebra y…

Carla se alejaba tambaleándose sobre sus tacones, camino del mueble-bar de la suite.

—Relájate, pichón —decía—. Preparo Martinis como nadie.

Dando la espalda al viejo y al mayordomo sacó el frasquito de cristal donde guardaba el veneno, en forma de polvo marrón. Echó una pizca en el Martini, lo removió y después fue a entregárselo al viejo. Entretanto, Fredy había llevado a Carol y a Cristina, engañadas, hasta el hall del hotel Continental.

—Vamos a pescar a ese viejo —les dijo—. El cebo será Carol.

—¿Cómo? —dijo ella.

—Y para tenerlo bien a mano, nos alojaremos aquí.

—Ah, muy bien —dijo Cristina—. ¿Piensas pagarlo tú?

—Se paga cuando te marchas, y no nos moveremos de aquí hasta que tengamos el dinero.

La ceremonia de la boda se celebró en la suite del viejo. El mayordomo hizo de testigo, junto con una limpiadora del hotel, y breves como son estas cosas, pronto los recién casados quedaron a solas en la suite. Continuaron relajándose con Martini blanco. Poco después decidieron bajar a la calle, y en el hall del hotel, Carla reconoció a Carol y compañía.

—¡Eh! —les dijo.

—¡Carla! —dijo Cristina—. Y está con el viejo, Fredy.

Se acercaron para saludar.

—Os presento a mi marido —dijo Carla.

—¿Marido? —dijo Carol.

Carla se volvió hacia el viejo con una amplia sonrisa color carmín y le susurró:

—¿Puedes prestarme unos pavos, mi amor? Son parientes.

El viejo hizo una seña y un hombre le entregó un fajo de billetes grandes a Carla. Ella guiñó un ojo y se lo pasó a Cristina con disimulo.

—Esto para empezar —dijo—. Estoy casada con un viejo multimillonario al que le quedan semanas de vida.

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