Burkina Faso (XV)

—¿Qué has dicho?

—Que bajes la capota —gritó Cristina desde el asiento trasero del Porsche—. Hace demasiado viento.

Fredy no conducía, aquellos bestias le habían dejado para el arrastre. Se despanzurró en el asiento del copiloto del Porsche y trató de dormir, de olvidar el episodio. Pero, en cuanto se movía, le dolían las heridas, y eso le traía malos recuerdos. Miraba el cielo del anochecer preguntándose cuántos kilómetros les separaban del hotel. Sólo pensaba en dormir.

Al mediodía siguiente se sentaban en la terraza de un café, ante un hombre muy moreno, de pelo blanco, y su esposa. El hombre llevaba zapatos de votante neo-liberal y vestía una camisa de lino, también blanca, desabrochada en el pecho, donde bailaban un par de cadenitas de oro. Ella era una abuelita dulce y sonriente, de apretado vestido multicolor.

—¿Quién es usted? —preguntó el hombre.

—Machine —dijo Fredy—. Fredy Machine.

—¿Quién es usted, señor Machine?

—Un tipo que siempre acierta por casualidad y que casualmente siempre acierta.

—Vaya, ¿cómo lo hace?

—Ah, no lo hago yo.

—¿Entonces?

—El azar.

—Mmm, ahora lo entiendo. ¿Sabe usted con quién está hablando?

—No.

—Mi nombre es Patterson —dijo—. Joshua Patterson.

Le tendió la mano y Fredy la estrechó.

—Encantado.

Patterson era el abogado con más renombre que había en Carrizos. Ellos pensaron que, ahora que empezaban a manejar dinero, les iba a hacer falta asesoría legal de la buena. El tipo no cobraba barato, pero creyeron que merecía la pena.

—¿Qué prefieres, coca-cola o cerveza? —preguntó Carla.

—Un bar lleno de motoristas camorristas moqueando alcohol —dijo Fredy.

—Olvida eso de una vez. ¿Quieres un refresco?

—No.

—Usted solía ir por el Burkina Faso —dijo Patterson.

—Acabamos de llegar a la ciudad —dijo Fredy—. Somos del sur.

—¿Acabamos?

—Disculpe. Le presento a mi mujer, Cristina. Ellas son dos amigas, Carla y Carol. Tal vez nos establezcamos aquí.

Patterson cabeceaba.

—Juraría haber visto su cara en el Burkina Faso —dijo—, pero está claro que le he confundido con otro. Mejor, es un antro lleno de chusma y usted, en cambio, tiene cara de buena persona. Allí no hay tipos como usted.

—Cara de buena persona, ¿eh? —dijo Fredy.

—Sé que parece una chorrada, pero mi mujer y yo creemos en ese tipo de cosas. En valores como la bondad de las personas. Son valores que puede que no estén de moda, pero siguen ahí y siempre se abren camino. Igual que un trabajo bien hecho. Eso siempre triunfa.

 

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