Burkina Faso (XVI)

Hizo una pausa.

—Veo que usted es buena gente —dijo—. Si no lo es, ya puede ir olvidándose de hacer negocios conmigo.

—Hasta en el Burkina Faso habrá alguien bueno —dijo Fredy—. Usted, por ejemplo. ¿No es usted buena gente? Porque, para saber tanto de ese sitio, ha tenido que ir mucho por allí.

Patterson no volvió a sacar el tema.

—A Joshua le encantan los cactus —dijo su esposa—. ¿Por qué no vienen esta noche a verlos? Podrían quedarse a cenar.

Fredy soltó una carcajada. Cristina le dio un pellizco por lo bajo.

—No te rías de esa pobre mujer —dijo.

Allí estaban esa noche, cenando con vino francés en la nada modesta casa de Patterson. Al terminar, Fredy fue al jardín de la parte de atrás con la esposa, a pasar revista a la colección de cactus. Suculentas, los llamaba ella.

—Me encantan los cactus —dijo Fredy—. De veras, me encantan.

Hacía calor en aquel jardín trasero de Patterson. Todo eran cactus, y al cabo de un rato, Fredy tenía suficiente. Quería marcharse.

—Ah, los cactus —decía la mujer—. Una les coge cariño.

¿Qué estaban haciendo Carla, Carol, Cristina? Había que largarse.

—¿De qué? —dijo Fredy—. Ah, de cactus, sí.

Largarse de una vez, ahora.

—¿Tendría la bondad —dijo la señora— de…?

Pero Fredy sólo quería irse de allí cuanto antes. La maceta que sostenía la abuelita, la que estaba a punto de entregarle, cayó al suelo, llenándoles de tierra los zapatos. Fredy miró a la vieja. Luego, la ventana que ella miraba. Carla y Patterson se comían a besos en medio de la cocina. Carol dio un grito desde el otro lado de la cerca y a Cristina casi se le cae otra maceta. Nadie tenía palabras. Fredy se sacudió los zapatos. Por fin, dijo:

—Tenemos que irnos.

Metió a las chicas en el coche para regresar al hotel. Carla y Carol tuvieron una larga discusión aquella noche. Al día siguiente, Carol se marchó a Dragones y Carla, por la tarde, anunció al resto su intención de irse a vivir con Patterson, que a su vez iba a separarse de la abuelita. Además, Carla pagó la factura del Continental, les dio algo de dinero, como adelanto, y un par de besos en los morros. Fredy le recordó que tenían un trato, y que si no lo cumplía acabaría mal. Ella le prometió que tendrían su parte lo antes posible.

 

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