Burkina Faso (y XVII)

Pero no llegó a su cita con el abogado ni, por tanto, a cumplir su promesa. Se salió de la carretera, chocó contra un árbol y murió camino del hospital. Lo normal cuando se bebe mucho, se toman pastillas y se conduce de pena, aunque Fredy insistía en que había sido un sabotaje, que alguien había manipulado el motor del descapotable. Él y Cristina tuvieron que ocuparse del funeral. Se gastaron casi todo el dinero que ella les había dado.

—De esto hace una semana —dijo Fredy—. La policía trata de localizar a su familia. Nosotros no sabemos ni su apellido.

Morris se sirvió otro café.

—Siento lo de Carla —dijo.

Y de veras lo sentía. Con ella bajo tierra, sus probabilidades de cobrar la prima se reducían a cero. Ellos callaban.

—Y, ¿qué hay de vosotros dos? Se terminó el pegarse la vida padre, ¿eh?

—Encontraremos algo —dijo Fredy—. Vamos a tener un hijo. Eso siempre trae suerte.

—Enhorabuena.

—Gracias.

—¿Tienes idea de quién ha podido hacerlo? —dijo Morris.

—¿El qué, matar a Carla? Pues claro. La modelo. La anterior esposa del viejo.

—Muy seguro lo dices.

—Venga ya, no ha podido ser nadie más. Ahora ella es la máxima beneficiaria del testamento. Y se las arreglará para salir de cualquier marrón. Yo que tú no le buscaría las vueltas a esa…

Morris aún trataba de encajar el golpe. La prima se acababa de esfumar delante de sus narices.

—Agradezco la información —dijo Morris—, aunque no sea de mi agrado. Ahora será mejor que os vayáis. He de telefonear a Sarmientos, para darle al padre de Carla la peor noticia de su vida. Y no es hombre que se la vaya a tomar bien.

—¿Agradezco? ¿Eso es todo lo que vale la información que te acabamos de dar, un par de tazas de café? Te hemos servido este caso en bandeja, sin que tuvieras que menearte de la silla.

Cristina se levantó. Y después él.

—Como quieras —dijo—. Ya nos dijo Patterson que eras un tacaño.

Morris les acompañó hasta la puerta y se despidieron.

—Por cierto —les dijo—, ¿cómo se lleva eso de cambiar un Porsche por un martillo y unos clavos? Si no es indiscreción…

—Es indiscreción —dijo Fredy.

Abrió la puerta del ascensor y desaparecieron en él.

 

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s