El que pincha (I)

Desperté, comí algo a toda prisa, me puse el traje azul marino de las bodas y me dirigí al hotel Emperador. A las cuatro en punto llegaba a la sala de conferencias. El motivo era una oferta de trabajo de una marca de preservativos. La primera fase consistía en una selección de candidatos a través de pruebas no especificadas en el anuncio. Éramos veinticinco, todos con corbata, esperando en aquellas sillas de pala que llegase alguien a hacer la dichosa selección. Entonces apareció Quico, con un Fred Perry blanco, gafas de montura dorada y el pelo engominado. Fue la primera vez que lo vi. Aparentaba unos treinta y seis años, aunque luego supe que era algo mayor. Subió a la tarima, se sentó sobre una pierna en la mesa y empezó a hablar con voz firme, junto a un ordenador portátil conectado.

—Elasticidad —decía—. Esa es la característica de nuestra marca. Y no me refiero a las prestaciones de nuestros condones.

Dos tipos del fondo rieron en plan pelota. Poco después, Quico se puso a repartir unas fotocopias con varios recortes de prensa.

—Las preguntas serán breves. Utilicen la información de las hojas y respondan concretando lo máximo posible. A ver, usted —le dijo a un aspirante—, ¿de qué habla el primer artículo?

El aspirante tenía aspecto de comercial de medio pelo. Tras leer el artículo unos instantes tosió.

—Es algo de…

—¿De qué?

—Pues como… de una película de cine.

—¿Una película?

—Sí. Dice “momento angular”, que supongo que será una escena rodada con un gran angular. Luego dice “momento cinético”, o sea que se está refiriendo al cine en todo caso.

—Muy bien, ¿de qué trata la película?

—Pues de coches. Por lo menos de vehículos en general. Aquí lo dice: “mecánica clásica”, mecánica cuántica”… Yo creo que está claro.

Quico le tachó de la lista con un bolígrafo.

—Lo siento —dijo—, sus conocimientos son insuficientes. ¿Se dan cuenta ustedes? Esto es lo que se consigue tras años y años de publicidad engañosa, fraude político, abusos laborales y pasividad ante delitos ecológicos: un analfabetismo arrogante y procaz. Váyase a dormir, su presencia aquí carece de sentido.

—Hombre, yo creo que la equivocación no es tan grave.

—¿Que no? Si no entiende ese texto, ¿cómo narices va a descifrar los albaranes de compra?

—¿Albaranes de compra?

—No me copie como si fuera un loro.

Dio un CD a otro aspirante que parecía el hijo de un mafioso.

—Le toca a usted. Instale en aquel ordenador —señalando el portátil sobre la mesa de la tarima— el programa Twinkle. Viene en el CD. Su icono es una “T” de color amarillo.

Diez minutos después, el aspirante se rindió:

—No lo encuentro —dijo—. ¿Seguro que está en el CD?

Quico fue hacia la tarima.

—Cualquier mocoso —dijo — ya lo habría instalado, desinstalado, vuelto a instalar, configurado y cambiado las preferencias. Yo siempre digo que “como bien se aprende…” No. Que “si bien se aprende…” Bueno, da igual. Márchese a dormir.

Mientras el aspirante se dirigía a la puerta murmuró:

—Paleto…

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s