El que pincha (II)

Me puse en pie.

—Disculpe —dije—, pero esto empieza a resultar absurdo. Cuando quiera le demuestro que de paleto no tengo nada y sí la cultura suficiente, que no títulos, para trabajar con usted.

Quico se limitó a cruzarse de brazos y a mirarme por encima de las gafas.

—Qué divertido —dijo—. Y, ¿cómo pretende demostrarlo, señor sin títulos del cual no sé ni su nombre?

—Me llamo Jorge. Prefiero que no me haga perder el tiempo con pruebas tan estúpidas y ridículas.

—Muy bien, Jorge. Fíjese en el artículo que hay en el centro de la página y dígame: ¿localiza algún error gramatical en la frase del pie de foto?

La foto mostraba dos futbolistas en pleno partido. El pie decía: “El Inter no supo aprovechar las oportunidades de que dispuso”.

—Ningún error —dije.

—Léalo otra vez. ¿No detecta el dequeísmo?

—En absoluto. El dequeísmo se produce cuando en lugar de “que” utilizamos “de que”. Por ejemplo: “yo digo de que deberíamos irnos a comer”. Eso es dequeísmo. Pero en la frase anterior, “de que” equivale a “de las cuales”, refiriéndose a las oportunidades. Por lo tanto, es correcta.

—Vaya, me ha dejado planchado. ¿Sabría decirme en qué año se construyó la catedral de Florencia?

—Pues con toda certeza, comenzaron a construirla en la Edad Media y la terminaron en el Renacimiento. La cúpula es renacentista, de Brunelleschi. Las fechas exactas no las sé, porque no soy un robot. Conocer datos significa tener memoria, no cultura. Tener cultura es saber relacionarlos y saber encontrarlos.

—Ya veo, le he pillado sin la base de datos encima. ¿Sabría usted dónde buscar?

—Desde luego. Existen enciclopedias, libros de historia, bibliotecas, Internet… Todo se puede encontrar.

Me miró en silencio un instante. Luego dijo:

—Ha dicho que no tiene títulos.

—Es cierto, aunque pasé cinco años en la Universidad.

—¿Por qué no terminó la carrera?

—Me aburría en las clases.

—Entiendo. ¿Alguna frase célebre?

—“El pensar que todos somos idiotas te convierte en idiota”.

—¿Otra?

—“Tratar a los demás con respeto nos confiere categoría”.

 ¿Son suyas?

—Sí.

—¿Se las cree?

—Casi siempre.

—Bien, pues… a menos que tenga usted alguna objeción al respecto, queda pre-seleccionado. Mañana, a las cinco, le quiero en el hall de este hotel, corbata imprescindible. Y ocúpese de no llevar agujeros en la ropa.

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