El que pincha (XII)

Una tarde, viajábamos por la A-42 en dirección a la frontera alemana. Habíamos dejado atrás Lyon cuando Quico despertó de su siesta y se puso a comer pipas, de una bolsa que ya le duraba dos días. Empezó a contarme lo bien que se lo pasaba en sus tiempos.

—Mi generación es la de los que éramos jóvenes en los ochenta. Y no es por nada, pero es la mejor. Es auténtica. Nos divertíamos el doble que ahora.

—¿Qué hacíais?

—Uf, pues de todo. Muchas cosas que la gente joven de hoy ni se imagina. Por ejemplo, ¿quién de mi generación no ha ido a una manifestación anti-OTAN? O se ha fumado un porro.

—Sí, todo el mundo lo ha hecho.

—Y la música… Mucho mejor que la de ahora. El tecno empezó entonces.

—Eh, que soy disc-jockey.

—¿Tú disc-jockey? ¡Qué cojones! Yo te enseño a pinchar cuando quieras.

—Eh, cuidado. Hace dos meses era el mejor de toda la costa, incluido Marbella. No había quien me llegara a la suela de la zapatilla. Ni lo hay.

—Cuando quieras que te enseñe, me lo dices.

—La mejor de las épocas es siempre cuando eres joven. Todo el mundo se divierte y hace el salvaje cuando es joven.

—Tanto como nosotros, imposible. ¿Quién de mi generación no ha ido a trabajar a las ocho de la mañana, después de cerrar cuatro bares, sin haber dormido en dos días y con la misma camiseta de toda la semana?

—Eso no creo que sea necesario para pasarlo bien.

—No os enteráis. Os perdéis lo bueno de la vida. Que si eso no lo tomes porque lleva azúcar, aquello porque lleva cafeína, esto otro porque lleva nicotina, eso de ahí porque lleva gas… ¿Quién de mi generación no ha entrado en trance, en comunicación espontánea con todo el resto de la discoteca al escuchar un llena-pistas?

—Eso es difícil de conseguir tomando sólo refrescos. Incluso hoy en día. Cada generación vive de forma diferente, se divierte de forma diferente, pero se divierte lo mismo.

—No sabes lo que dices. Lo mismo que con el sexo. Todos salís con unas novias que están buenísimas. ¿Y todavía quedáis con los colegas para ver películas porno? Joder… En vez de estar con ellas, hombre. Siempre he dicho que “cuanto más…”. No, que “como más…” Bueno, eso. ¿Quién de mi generación no ha dormido en el cuartelillo por armar un escándalo en la calle que para qué?

—Quita.

Atrapó una botella de agua que rodaba por el suelo y echó un buen trago. Después siguió con las pipas, cruje que te cruje.

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