No tan complicado (I)

Las cosas han cambiado mucho en un año, y Layna dirá lo que quiera, pero tengo una habilidad natural para deshacer líos, como debería saber, porque siempre nos unió algo especial, crecimos juntos, Lex se nos pegó cuando vivíamos en Lyon, y años después nos lo encontramos aquí, en París, y fíjate si han cambiado que hace un año los tres estábamos en Cancún, en medio de una playa fantástica, rodeados de turistas gringos ebrios, sí, pero ¿qué importaba?, el viaje y los diez días de hotel nos salían gratis, habíamos ganado un concurso, bueno, Lex había ganado un concurso, y quiso llevarnos a Layna y a mí con él para que aquello no fuera tan soso, y no lo fue, tomamos el sol, bebimos cerveza, bebimos tequila, Lex aprovechó para bucear, una tarde, Layna y yo estábamos sobre la arena comiendo duraznos —que es como llaman en México a los melocotones, aunque son un poco más pequeños—, cuando apareció Lex, recién salido del agua, en compañía de aquel pulpo, una cosa rojiza y viscosa que había atrapado sin pensarlo dos veces, enorme, y cuando estaba más o menos a un metro de nosotros, el bicho escupió un chorro de tinta, y nosotros venga a reír, nos entró tal risa que no podíamos respirar, y el pulpo escupiendo al ritmo de las carcajadas.

A la mañana siguiente, Lex y yo nos vestimos para jugar al tenis y nos colamos en el complejo deportivo Crepuscular, de altísimo nivel, y lo hicimos bien, en ningún momento llamamos la atención, curioseando por allí hasta que él tuvo que entrar en el aseo de caballeros y yo me distraje visitando las instalaciones del gimnasio, y los gimnasios son iguales en todas partes, por lo que aquel habitáculo de madera del rincón era, sin duda, la sauna, y su puerta se entreabrió para dejar salir aquella cabeza medio cubierta de pelo blanco que parecía la de un cónsul romano, y el tipo va y me saluda en mi idioma, y luego empieza a contarme no sé qué de una vieja promesa que le había hecho a su esposa, años atrás: la de llevarla a ver el Taj Mahal, y sin más aquel perfecto desconocido se puso a charlar conmigo con una naturalidad apabullante, y esto es raro en un paisano, de cuando en cuando me llegaba de la sauna una ráfaga de vapor caliente, asfixiante, difícil de soportar, me cocía por momentos, me mareé un poco, pero aguanté la charla del viejo por educación, supongo, y nos tiramos un buen rato allí, yo de pie y él sacando la cabeza por la puerta de la sauna, sin parar de contar cosas con toda confianza, y vi una botella de champán allí dentro, en el suelo de madera, cerca de la pierna del viejo, junto a dos copas vacías, y a la izquierda había unas sandalias de tacón, y el viejo quedó encantado con nuestra charla, aunque yo no dije ni pío, y así es como conocí a Ziro Tolex, de la manera más casual.

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3 thoughts on “No tan complicado (I)

    • Te respondo: no soy el protagonista, pero estuve en Cancún en 2003. Me lo pasé muy bien, aunque había demasiado cemento. También conduje hasta Tulum. El relato lo empecé antes de ir, lo de Cancún lo añadí al volver. Ahora te pregunto: ¿cómo has llegado a esa conclusión?

      • Lo de protagonista lo pense sólo después de leer el primer capítulo de tu cuento. No tanto por el personaje sino por los detalles de estar en Cancun… los duraznos… el pulpo… el hotel… no me gusta cancun pero si el resto de la riviera maya… que bien que conozcas algo de tan especial zona. Aquí so las 9 pm… pero (imagino eres español) allí es tempranísimo!!1!!1

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