No tan complicado (VI)

Se terminó la siesta en el café rojo, incluso el café rojo, porque ahora sólo salía el fin de semana, y no siempre, a tomar unas cuantas en el café color azul, hasta había perdido peso, Ziro lo notó, pero le aseguré que no era nada malo, que seguía una dieta rica en proteínas, me compré un par de trajes, otro par de pares de zapatos, me corté el pelo y la emprendí con mi primer trabajo para Ziro, que consistía en dinamizar KREGG, un sello discográfico especializado en heavy-metal estándar, cuyas ventas estaban a un nivel bastante penoso. Yo no entendía por qué se empeñaba en mantener aquel sello, porque le faltaba una temporada, quizás menos, para dar saldo negativo, y hubiera sido mejor cerrarlo, pero por alguna razón él seguía invirtiendo en el sello que yo tenía que dinamizar, así que después de darle algunas vueltas decidí arriesgarme, dar un golpe de efecto, para que no se arrepintiera de haberme contratado.

Una semana después, Layna y yo íbamos a bordo de un todoterreno rojo, cortesía de Ziro, camino del lugar donde ensayaban Extreep, un dúo de tecno-gangsta formado por mi amigo Lex y un tal Roff Obberich, y sólo nosotros sabíamos dónde ensayaban… y vivían, así que siempre íbamos de noche y tomábamos nuestras precauciones, como no hacer el mismo itinerario dos veces seguidas, asegurarnos de que nadie nos seguía y cosas así, y aquella noche fue como todas, al salir de la ciudad en dirección sur recorrimos cinco o seis kilómetros, entonces nos desviamos a la izquierda, luego un poco más adelante a la derecha, ocho desvíos en total, luego venía un tramo con curvas muy cerradas, después de la tercera curva doblábamos a la derecha, por un camino polvoriento que después de otro montón de curvas nos llevaba hasta una casa de campo destartalada, medio escondida entre unos árboles. Pensar que un mes antes no daba un euro por mi vida…

Roff era un alemán alto, robusto, de perilla muy poblada, con una gorra negra con las iniciales NIN que no se quitaba ni para dormir y responsable de poner en marcha la antigua instalación eléctrica de la casa, de forma que aquel sitio les servía a la vez de refugio y de lugar donde ensayar, pero nos prohibieron decir a nadie que estaban allí, no querían gente merodeando, como ellos decían, satisfechos de su consola de grabación de veinticuatro pistas, su grabadora y su software de última generación, con los que daban forma a sus nuevas canciones.

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