No tan complicado (XXI)

Inmediatamente se puso a chillar como la reina de todas las locas, a revolcarse por el suelo, a patalear, a escupir… todo su atractivo se esfumó en un instante, se transformó en lástima, y en un espectáculo desagradable que algún vecino podría interpretar como una invitación a llamar a la policía, y justo entonces recordé el diazepam que me había dado Ziro, y me pareció entender sus palabras, que no habrían sido “por si Layna se pone pesada”, sino “por si la hija se pone pesada”, ahora tenía sentido, y yo parecía no poder escapar de sus planes, me sentía como un destornillador en sus manos, pero Io no paraba de gritar, tal vez sí tenía genes de mono allá dentro, por lo que machaqué varias pastillas de diazepam hasta conseguir una buena dosis, mientras Layna trataba de controlarla con éxito nulo, después vertí el polvo en agua tibia, para que se disolviera mejor, y avancé dispuesto a hacérselo tragar, pero ¿habría alguna forma de que se bebiese aquello?, no lo parecía, así que se lo tiré por encima, empapándole la espalda, con la idea de que su piel de melocotón lo absorbiera, y luego Layna y yo la sujetamos durante un buen rato, hasta que le hizo efecto y cayó vencida por el sueño.

—¿Qué te ocurre, Layna? —dije—. Podrías haberme dicho que tu amiga era la hija de Hermitz, ¿no?

—No quería que te preocuparas. Y no me llames Layna.

Con la hija de Hermitz en mi piso, la cosa pasó de clara a transparente, porque a esas alturas yo sabía que Bërdy trabajaba para Ziro, ya que el mismo Tober comentó que tenía un contrato con la editorial Metz, propiedad de Ziro, y yo estaba seguro de que era ese escritor que iba a escribir el libro sobre cultos egipcios que después firmaría la mayor autoridad en la materia, o sea Hermitz, por lo que até cabos: ese tontaina servía a Ziro para controlar a su hijo, para controlar a la hija de Hermitz y, de paso, ¿no sería el encargado de quitarme de en medio?, vamos, si es que era posible que aquel niñato llevase a cuestas un revólver plateado con inscripción en la base de la culata, pero aquella idea empezó poco a poco a tomar forma en mi cabeza, hasta que vi a Bërdy como un auténtico sicario, que había sido muy hábil haciéndose el niño pedante, y esa voz atiplada, tan ridícula, no era la suya, así que me la había pegado a base de bien, exhibiéndose ante mis narices, pero entonces, con la de ocasiones que había tenido para liquidarme, ¿a qué estaba esperando?

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s