Test (IX)

Escucha voces detrás suyo, a lo lejos, pero no entiende lo que hablan.

—Pero ¿qué ha pasado?

—Io nou sabe. Instalashón létrica d’idifisho shuna merda.

—Pero ¿qué te crees que es esto, un juego? Dentro de cuatro horas llegan mis clientes.

—Quiamaru letrishista.

—No me fastidies, ¿eh? No puedes llamar a nadie. Nadie sabe lo que pasa aquí.

—Nou lushe, nou show.

—Pues haz que vuelva la luz.

—Quiamaru letrishista, goder. Io conoshe que no da prublema, es meu primu.

—No puede venir nadie. ¿Estás sordo?

—Si tuo barshe, colocu linterna supra d’él.

Bofetada.

—A ti te voy a colgar como no lo arregles.

Nathalie, después de dejar a su hija en la guardería, ha pasado toda la mañana tratando de averiguar dónde está Deker, qué le ocurrió nada más hablar con él por teléfono. Lo esperaba en media hora, tenía la cena lista, se había puesto el pijama que más le gusta a él, y daba por hecho que le convencería para llamar a ese hombre que podía sacarles de la ciudad. Se puso a ver la televisión, con el volumen no muy alto por no despertar a la niña, pero no podía dejar de pensar en su sueño, su nueva vida en la colonia. Ha llamado a ZetNet, pero Deker no ha ido a trabajar; ha llamado a todos sus amigos, pero nadie sabe nada; ha preguntado por todo el barrio, pero nadie le ha visto. A ratos le entra angustia, tiene miedo de que le hayan arrestado. Después, se calma y confía en que su marido volverá.

Deker, lleva horas cavilando en la oscuridad, entre chirridos de máquina lejanos. Escucha pasos a su espalda y puede distinguir el haz luminoso de una linterna. Un hombre comprueba sus ataduras. Deker piensa en Nathalie, en Single, en su desaprovechada vida. Su guardián le levanta la cabeza para cambiarle la mordaza.

—¿Me vas a matar? —dice Deker.

Silencio.

—Necesito despedirme de mi mujer y mi hija.

No le contesta, pero Deker insiste:

—Necesito el móvil para poder verlas en la pantalla por última vez. Es lo único que pido.

—Tindrá tuo mobil.

Hacia las tres, mientras Deker empieza a darse por muerto en aquel sótano, Nathalie encuentra en el recibidor de su casa un papel doblado en dos, una nota que alguien ha introducido por debajo de la puerta que lleva impresas unas líneas:

 

estoy con tu marido para viajar a la colonia recoge a la niña y reunete con migo a las cuatro en el numero siete de la calle ciento dos oeste es un salon con maquinas re creativas de finales del siglo XX equipaje no necesario no hables con nadie y menos con la policía destruye este mensaje

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