Doble nudo (IX)

Cuando conseguí vencer la flojera y la hospitalidad del camarero, me fui a casa de las hermanas caseras. Llegué pasadas las tres. La puerta estaba abierta. Fui directo al cuarto de baño de la alcoba de invitados, y al entrar me quedé bastante corrido. No recordaba el destrozo de la pared. Allí estaban los baldosines que arranqué, apilados en un rincón, y los pedazos de cemento, y el polvo. Hasta la cucaracha muerta, el detonante de tanta locura. Era el momento de deshacerse de ella para siempre. La cogí por una de las antenas, la arrojé a la taza del váter y tiré de la cadena. Tras deshacerme de la cucaracha muerta me acosté, y una hora después me levanté a orinar. Volví a escuchar la voz de la otra cucaracha, mi amiga, que me observaba desde la bañera, hablando con algún lugar de mi memoria:

—Te vas a enfriar— decía.

En efecto, iba completamente desnudo, y la noche estaba siendo cualquier cosa menos cálida y seca. En algún momento me puse a barrer el cuarto de baño, a fregar el suelo, con lo que ya no daba una impresión tan deprimente. Haciendo caso a la cucaracha, o a mi sentido común, fui a ponerme los pantalones y la camisa. Pero al volver al cuarto de baño, mi amiga había desaparecido. Debí quedarme dormido un rato sobre la cama, después de ponerme los pantalones, de manera que ya eran las seis y media de la madrugada y, como todo el mundo sabe, las cucarachas son de vida nocturna. No tenía más remedio que esperar a la noche si quería hablar con ella. Sentí un impulso irresistible de buscar a Violeta, ir hasta su cama y abrazarla, a pesar de su compañía. Pero lo descarté, porque estaba seguro de que me la encontraría la tarde siguiente, así que oriné otra vez, tomándome mi tiempo, y me volví a acostar.

Al poco de cerrar los ojos escuché una voz, que ni era de la cucaracha ni era una ensoñación, pero tenía parte de ambas: era la de una criatura que no podía ver, debido a la oscuridad de la alcoba. Tardé un buen rato en verlo, ya con luz. Tuve que ir por la lupa, que en mi atontamiento no conseguía encontrar. La criatura era un hombrecillo, por decirlo deprisa y mal, un dibujo de cómic de trazo esquemático. No tenía volumen. Era un pedacito de papel con su contorno que, si se ponía de perfil, no sabías lo que estaba haciendo. Un dibujo con barba, pero un dibujo en cualquier caso, especie que yo no sabía —ni sé— si llamar animal o humana. Lo tenía en la palma de la mano sin apenas notar su peso. Sonreía con una dentadura blanquísima, de blanco papel, y me confirmó todo aquello que la cucaracha me había anticipado.

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4 thoughts on “Doble nudo (IX)

  1. Pensé que la cucharacha y Violeta eran la misma persona… oops… creo que me perdí de algo… o no??? volveré a leer las entradas anteriores… ah… buenísimo lo del hombrecillo de papel… fantástico José…

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