Doble nudo (XI)

Su gente era muy hábil haciendo desaparecer todo tipo de objetos livianos, como por ejemplo billetes. Le pedí detalles: situación exacta de la colonia, nivel tecnológico, contactos anteriores con humanos… Me confió algunos datos. Iba a tener que apuntar toda aquella información, porque era imposible de recordar. El problema era que podía mojarse, porque el agua empezaba a molestarme mucho. Estaba muy fría, y no soportaba que se me colase por la nariz cada dos por tres. Empecé a preguntarme de dónde salía tanta agua, porque en cuestión de minutos se había formado todo un arroyo, que después se convirtió en río y estaba a punto de arrastrarme hacia el mar. Ya casi daba con la solución, pero el ruido de los golpes me molestaba, no me dejaba concentrarme, y la respuesta estaba ahí, casi a tiro, cuando los golpes se intensificaron. Quienquiera que aporrease la puerta debía tener cuatro manos, y dos gargantas, o era capaz de gritar a dos voces. Me fijé bien y descubrí que eran dos personas las que golpeaban la puerta con los puños, a lo cual sumaban ahora unas patadas, todo ello sin dejar de vocear.

—Abra de una vez —decían.

Me costó lo mío salir de la cama, con el frío que hacía, y abrir la puerta.

—¿Se puede saber por qué se ha encerrado con llave? —dijo la casera.

—Para que no me vieran desnudo.

Ellas contemplaban mi desnudez con mala cara, por su enfado, por su sorpresa nada agradable o por lo que fuera. La casera era todo dientes.

—Márchese ahora mismo —dijo.

Sonreí con malicia. Eso no iba a impedir que me echara de su casa, pero me dio un placer inmenso. Tanto que me relajé y me metí otra vez en la cama. La casera tardó menos de un minuto en retirar la colcha de un zarpazo, y a punto estaba de volcar la cama cuando salté de ella como pude y empecé a vestirme. No me gusta que me den órdenes, y la hermana de la casera se volvió a exceder. Me ofreció la escoba por el mango, diciendo:

—Barre el cuarto de baño. Si encuentras algo, te lo quedas.

¿A qué venía ese tuteo? Además, lo había barrido la noche anterior. Ah, no, se refería al cuarto de baño del patio de luces. Amaba a esa mujer con todas mis fuerzas, y mientras barría pensé si no la estaría ofendiendo, al hacerlo tan deprisa y tan mal. Los vecinos habían echado muchas monedas durante la noche, así que me saqué un beneficio. Suficiente para comer ese día.

Anuncios

Puedes comentar lo que acabas de leer

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s