Doble nudo (XX)

Terminé de exponerle mi plan de reparaciones sentado frente a la estantería, a mi derecha, atiborrada de libros. Mientras se lo contaba, sin darme cuenta, había ido girando mi silla hacia la derecha, seguramente para concentrarme más en la esencia, en los detalles. Devolví la silla a su posición original y miré a la teniente, que no había dicho ni pío durante toda mi charla. Se había dormido. Su cabeza caía hacia atrás, y la boca se entreabría como si esperase que alguien le diera, por caridad, un trago de vino. Se la oía respirar muy flojito. Cotilleé los archivos del cajón de su escritorio. Encontré un expediente interesante:

1 de abril

El señor Ferrario, que creo que tiene ascendentes gallegos como de tercer grado, vino el otro día a mi despacho, como cada jueves; arrambló con todos los caramelos que suelo poner en el platillo de cristal, sobre la mesa, como cada jueves; y se desnudó, como cada jueves. Cuando digo que se desnudó no es una metáfora. Es que, literalmente, se quitó la ropa y, una vez más, fue inútil tratar de detenerle. Si le llamo señor es por guardar las formas, ya que, aunque solo tiene diecinueve años, el protocolo con los votantes es indispensable. Esta vez, en cambio, me costó menos convencerle para que entrara en razón, se vistiese, y empezáramos con la negociación. Seguro que, de aquí a poco más de un mes, termina por abandonar esa fea costumbre.

Cuando me cansé de leer decidí despertarla. No la toqué para que no se asustase, pero hay algo que nunca falla: cogí un libro de la estantería de la derecha, uno bien gordo, un compendio sobre polución en áreas urbanas, y lo dejé caer sobre la mesa delante de sus narices. Se despertó de un espasmo.

—No voy a repetir todo lo que he dicho —le conté—, pero si me dice hasta dónde recuerda le puedo hacer un resumen.

—Escuché lo suficiente. Su tiempo se ha terminado.

—No me ha dicho qué le ha parecido mi plan.

—Me aporta datos. Datos valiosos. Vuelva la semana que viene.

Me puse en pie.

—Otra cosa —dijo—. Vuelva al departamento de mantenimiento y solicite las pruebas de rutina para descartar posibles daños en la estructura, de los que no se ven por fuera.

“Daños que no se ven por fuera”, masticaba yo caminando por la calle. Pensaba arreglarlo con una capa de pintura, a lo sumo dos, pero esto empezaba a complicarse. Para mí, la estructura estaba bien. Pero ya se sabe, hay que hacer pruebas interminables, análisis inútiles, que darán como resultado un informe negativo, que servirá para… Total, lo de siempre. Incordiar mucho y solucionar nada.

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11 thoughts on “Doble nudo (XX)

  1. Me ha gustado mucho la parte del expediente que dice: Cuando digo que se desnudó no es una metáfora. Es que, literalmente, se quitó la ropa y, una vez más, fue inútil tratar de detenerle. Por favor sigue escribiendo mucho.

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