Doble nudo (XXII)

El dibujillo se acomodó en el bolsillo interno de mi abrigo y nos fuimos al bar. La barra era de aluminio, lo que no me gusta nada. Esas barras siempre terminan encharcadas, y esperar que el camarero sea lo bastante eficiente como para darse cuenta y limpiarla, es pedir mucho a día de hoy. De todas formas, me apoyé en la barra, pedí que le sirvieran un trago a mi amigo y le dije:

—¿Cómo está el asunto del dinero?

El tipo que había a mi derecha, a un metro escaso, miró hacia el suelo primero, y después me dio la espalda. Llegó el camarero con una copa de vodka, pero le había colocado un hielo. Se lo hice quitar y lo disgusté profundamente. El tipo de mi derecha, sin girarse del todo, extendió la mano hacia mí, cerrada, con los nudillos arriba. La miré un instante. Él la agitó. Puse la mía debajo, abierta, y de la suya llovieron cuatro billetes de cien, que me apresuré a guardar en el bolsillo. Me di cuenta de que el dibujillo seguía allí, así que lo saqué antes de introducir los billetes y lo coloqué sobre la barra en lugar seco. Antes de darme tiempo a explicarle que el vodka estaba frío, dio un salto y se sumergió en la copa. El tipo de mi derecha dijo:

—Es todo lo que puedo darte. La semana que viene, más.

Entonces lo identifiqué. Era un amigo que me debía dinero, el mismo que el día anterior se había negado a llevarme al Covarrubias.

—¿Sabes lo de Anselmo? —dijo.

—Sí, y me alegro mucho.

—¿Que te alegras?

—Pues sí. Me hace ilusión que la gente se case y sea feliz.

—Lo detuvieron anoche con una moto robada. Por ser la primera vez, se libra de la cárcel.

Eso me dejó un poco perturbado, pero el hombre dibujillo ya estaba otra vez panza abajo en el fondo de la copa. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Ni idea. Metí el dedo a todo correr y lo saqué, lo coloqué sobre la barra, y me costó mucho ponerlo boca arriba. Sonreía, como siempre, y empezó a cantar. Yo le seguí, por lo bajo, y luego descubrí que todo el bar conocía la canción. La estaban cantando unos tipos alrededor de la mesa del rincón, debajo del televisor. El dibujillo me dijo que esa misma noche encontraría, debajo de mi almohada, seis billetes de quinientos, auténticos, en señal de anticipo.

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