Ternadas (III)

Sea como sea, el Libro va acompañado de ese misterio que rodea a las obras más difundidas. Porque es raro quien no ha oído hablar de él, quien no lo ha hojeado de niño, de forma clandestina. El comando solo poseía un ejemplar, y en lugar de hacer copias, los tres prefirieron copiarlo a mano para aprendérselo mejor. Copiaron hasta las ilustraciones.

Cabe suponer, entonces, que eran expertos en la doctrina Chingú, pero de eso nada. Idolatraban el Libro, sí, pero eran bien zotes, y casi nada de lo poco que aprendieron sabían lo que significaba. Voluntad, en cambio, no les faltó, iniciativa, como lo llaman los empresarios, por lo que de acciones subversivas dieron buena cuenta. Un total de veintiséis acciones confesadas y demostrables, aunque se presume que llevaron a cabo otras tantas. La cifra que barajó el fiscal, en el juicio, fue de medio centenar de acciones “para plantar cara a la opresión”.

Resumen de las acciones más significativas, fueran las que fueran: la catedral, infestada de pulgas; el ayuntamiento, desalojado por inminente ruina; heridos leves, más de cuarenta; abortos, uno; y un cura sin casulla, a la postre muerto. Las pulgas de la catedral no son cualquier cosa. Hablamos de la pulga de Eritrea, nada menos, la más dañina de las pulgas africanas, y por tanto del mundo. Algunos laboratorios la están clonando en secreto, y aquí se ve lo que cuesta de guardar un secreto. En cuanto al ayuntamiento, no pudo soportar los temblores que sacudieron su estructura un mes después de muerto el cura. Un terremoto breve que sólo produjo daños al edificio. No veo de qué manera pudieron tres adolescentes provocar un terremoto, pero el hecho de que fuese tan localizado les hace sospechosos, y no seré yo quien discuta los motivos del fiscal. El aborto de aquella pobre mujer hubiese sucedido de todas formas. De hecho, la mujer se dirigía a un centro clínico para abortar, cuando el comando decidió ayudarla a bajar las escaleras del puente romano —otros dicen que la empujaron—. Los heridos en diversos atentados fueron tantos que el ambulatorio se vio colapsado en varias ocasiones. Después se demostró que la mayoría eran accidentes laborales camuflados. A esta lista de daños habría que añadir el parte de lesiones, por las costillas rotas de los militantes, que presentaron sus abogados.

Lo que impacientaba al párroco de Bustelo era todo ese formalismo de las leyes, el juicio, los interrogatorios… Él ya los había arrojado al fuego del infierno. De palabra, sí, pero también de corazón. Clara era su culpa y clara su condena, como el agua que bañó a Cristo en el Jordán, como la que sirvió para deshacer la disputa de perros o la que dejó impoluta la casulla antes del atraco, de la cual por cierto hubo que olvidarse. Con casulla nueva, por fin, y los recuerdos de su amigo el cura rejoneándole el sueño, el párroco de Bustelo subía un domingo tras otro al púlpito, mirando bien dónde ponía los pies, con un pañuelo negro al cuello, para ocultar una picadura de pulga obtenida en su última visita a la catedral. “Señor, danos paciencia”, decía. Entrecruzaba las manos y se las llevaba a la frente. “Danos aguante para aplacar la ira”. Después sonó un cántico mal entonado a cargo del coro de beatas, entre las que destacaba, como es habitual, una voz que las capitaneaba. La capitana de las beatas canta y las demás la siguen con miedo, provocando un retardo en la melodía que crece hasta hacerla jirones, igual que la casulla.

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4 thoughts on “Ternadas (III)

  1. “Voluntad, en cambio, no les faltó, iniciativa, como lo llaman los empresarios, por lo que de acciones subversivas, dieron buena cuenta.”

    Yo creí que en la parte dos alcanzaste tu máximo en ironía. Aquí te luciste. Empresarios subversivos, sería más o menos el asunto. Jajajaja.

    Todo el tono del texto, en sí, es bastante cómico. El que en realidad la mujer hubiese ido, en sí, a abortar y que se cuente como una pérdida por el atraco, uf. Igual con el resto de “heridos” y los daños. Por alguna razón me recordó a cuando en “the incredibles” los acusan por haber hecho daños a la ciudad defendiéndola (no es la misma cosa, lo sé, pero a fin de cuentas la cosa es acusarlos de daños).

    Me sorprendiste, esperaba otra cosa (mis predicciones te las dije ayer jaja).

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