Ternadas (IV)

Las beatas y sus maridos odiaban el Gran Libro. En su día, el gobierno se planteó prohibirlo, pero pronto vieron que la prensa se les echaría encima. Era absurdo suprimir un clásico solo porque tres tontos sin cerebro lo habían utilizado como pretexto para dedicarse al bandidaje. Por esta misma regla de tres, si mañana un loco decidiera asesinar a una vieja, inspirándose en una novela de Dostoievski, habría que prohibir la novela, y visto con calma, el Libro no contiene más agitación, propaganda o invitación a la sedición que otros manifiestos, encíclicas o tratados morales. Sería injusto condenar el texto en lugar de condenar a quienes hicieron mal uso de él, a quienes pervirtieron el espíritu de su letra. El Libro se iba a salvar de la ira de aquella comunidad, pero no los tres adolescentes que, como es obvio, ya no olían a colonia.

Si no se mencionan los nombres de estos tres incautos es por precaución. Todavía está fresco el recuerdo de tan perturbadores sucesos, marcados a fuego en el corazón de un sinnúmero de gentes el deseo de venganza, de escarmiento, de justicia. Por supuesto, las diligencias del caso terminaron hace mucho tiempo. Nadie recuerda que hubo sentencias, pero las hubo. Y se cumplieron, aunque esto no sirviera para aplacar la rabia de la población, que se extendió por todo el municipio transformándose en toma de conciencia, en un “basta ya” que repetía cada vecino, desde por la mañana hasta la hora de acostarse. No hubiera servido, siquiera, decapitar a los tres menores; trocear sus cuerpos; entregar sus miembros a los cerdos, para que se afilasen los dientes; colgar sus cabezas del balcón del ayuntamiento —apuntalado ahora— hasta que se las merendasen las moscas a bocados; deportar a todos sus familiares y consanguíneos, de hasta cuarto grado, a tierras inhóspitas. La gente estaba muy, pero que muy furiosa. Habían despertado de un sueño secular de relajación de costumbres.

Lo que tenían ante ellos, ejemplificado por aquel comando, no era otra cosa que el fracaso de las instituciones a la hora de producir ciudadanos rectos, fiables y responsables, para el correcto gobierno y sostenimiento del país. Esta nueva generación amenazaba con dejar obsoleto el concepto de civilización. Su comportamiento suponía un retroceso claro hacia periodos de barbarie ya olvidados. Fallaba la educación en las familias, en los colegios, en la vida pública. ¿Qué se podía esperar de una generación sin respeto, sin cultura, sin modales o ética de ningún tipo? Nada bueno, en efecto, por lo que la cosa se revelaba todo lo seria que la amplitud de esta palabra permite.

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6 thoughts on “Ternadas (IV)

  1. Y por mérito de tres falló el orden conocido, el sometimiento, la obcecación. Bien es cierto que la interpretación quizá no fuera la correcta y leyeran torcido en renglones rectos (¿o al revés?). Pero… ¿quién sabe? Y por desgracia y mérito de tres, la sociedad dormida despertaba.
    Estoy atrapada en la red de estos capítulos, José.
    Saludos.

  2. “Sería injusto condenar el texto en lugar de condenar a quienes hicieron mal uso de él, a quienes pervirtieron el espíritu de su letra. El Libro se iba a salvar de la ira de aquella comunidad, pero no los tres adolescentes que, como es obvio, ya no olían a colonia.”

    Me parece que es algo que muchas veces se nos escapa de la consciencia. A mí, por ejemplo, dos que tres personas me han acusado por “incitar” a la violencia tan sólo porque por ahí tengo algún personaje canibal o porque mis letras acaban todas en muerte (¿no acaba así la vida?) ¡Ve tú a saber qué rayos quieren de uno como escritor! Jajaja.

    Por cierto, tu dosis de frases contundentes añade otra a la lista: ” La gente estaba muy, pero que muy furiosa. Habían despertado de un sueño secular de relajación de costumbres.” ¡En toda la boca, y sin guantes – eso sí, con las uñas limpias-!

    Saludos, José 😀

  3. Este relato me lo imagino pasando en uno de esos pueblitos de piedra que sacan en los documentales sobre la despobablación rural en tve. De hecho, me imagino a la opinión pública hablando del fracaso de la civilización encarnado en estos jóvenes también en los noticieros del canal de tve que emiten en Latinoamérica.
    ¡Qué agudeza para hablar de lo social a partir de un hecho tan peculiar! Estoy picada leyendo (:

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